El Arte de los Discursos en una Boda - Palabras que Perduran para Siempre

La primera vez que vi a Juan

La primera impresión que tuve cuando Valeria me presentó a Juan fue que era un chico majísimo. No hace falta conocer mucho a Juan para saber cuál es uno de sus rasgos más característicos: es un guasón empedernido, siempre con una sonrisa dispuesta o una broma a punto para provocarla. Tras conocer a Juan, Valeria me presentó a su familia, a la que considero también parte de la mía, dado el maravilloso trato que siempre he recibido de su parte.

Quiero recordar un par de momentos que, para mí, simbolizan muy bien tanto el vínculo que me une a la pareja como la personalidad de cada uno de ellos. Recuerdo con especial simpatía el día en que Tamara y yo fuimos al gimnasio y ella olvidó sus zapatillas de deporte. Casualmente, yo tenía un par para prestarle. La anécdota no debería haber pasado de ahí, del despiste, de no ser porque ¡yo utilizo una 41 de pie! Se la veía muy graciosa con unas zapatillas tan grandes. Otro día, también en el gimnasio pero esta vez además con Juan, fue él quien olvidó una prenda importante: los calzoncillos. La solución fue mucho más sencilla: Valeria le dijo que se pusiera el pantalón sin nada debajo, qué remedio, y arreglado.

No me enrollo más. Para finalizar, y aunque los quiero a los dos con toda mi alma, debo dar las gracias a Valeria especialmente. Cuando la conocí, yo me encontraba en uno de los peores momentos de mi vida, y fue gracias a ella que conseguí salir adelante. Demostró ser no solo una excelente profesional, sino también una bellísima persona. Su comprensión, dedicación y disposición constantes, al principio de nuestra relación y ya una vez siendo amigas, me hicieron descubrir aspectos de mí misma muy valiosos, sin los cuales hoy no sería quien soy. Gracias a sus consejos, a su compañía y, en definitiva, a su amistad, hoy puedo decir que soy mejor persona.

2. De qué hablar en el discurso

Obviamente esto dependerá mucho de quién pronuncie el discurso. Y es que no es lo mismo que lo haga la pareja o sus amigos. Si eres el novio o la novia lo normal es que hables de vuestra relación, de lo que te hace sentir la otra persona, qué te encanta de él o ella, qué pensaste cuando lo/la conociste, qué cosas te divierten, anécdotas curiosas que hayáis vivido juntos (y que se puedan contar, lógicamente) y por qué quieres pasar el resto de tu vida a su lado.

Si eres el oficiante de boda o algún familiar o amigo lógicamente hablarás de cosas distintas, mucho menos íntimas, pero igual de emotivas y especiales. Seas quién seas, en una boda hay algunos consejos que es mejor que tengas en cuenta, pues te ayudarán a la hora de saber de qué hablar y de que NO hablar.

  • Evita temas polémicos: hay que tener en cuenta que algo que a ti te puede parecer muy gracioso como una anécdota de vuestra infancia a lo mejor no lo es para el resto y lo que es peor, avergüenza a la pareja y a los invitados. Piensa bien si lo que vas a contar puede ofender a alguien o sentarle mal.
  • Anécdotas especiales: seguro que hay muchas anécdotas interesantes, divertidas o emotivas que hayáis vivido juntos y que puedes contar y conseguir sacar una sonrisa de los asistentes. Puedes hablar de situaciones que sean una muestra de la personalidad de la pareja, algún detalle que haga que los invitados entiendan de qué hablas y se diviertan con la anécdota.
  • Haz partícipes a los invitados: sobre todo si eres el protagonista es importante decir unas palabras en agradecimiento a los invitados que han hecho posible que estéis aquí y que más os han ayudado. Lo ideal es incluir anécdotas con más familiares y amigos, y, sobre todo, no olvides hablar de las dos familias. Haz una mención especial a las personas que no han podido asistir por problemas de agenda, de salud o de situación geográfica.
  • Intentano tirar de drama: ni aprovechar esas ausencias para construir un clima triste. No te recrees en las pérdidas importantes, sobre todo si son recientes, y no las menciones si no eran personas especialmente directas, pues nunca sabes qué sensibilidad puedes herir. Pero si quieres hacer alguna mención especial, hazlo con respeto, recordando los buenos momentos y lamentando su ausencia con bonitas palabras exentas de dramatismo.
  • Valorar a la pareja: poner en valor a los protagonistas es importante en un día tan especial para ellos, así que dedicar parte del discurso a valorar cómo son y por qué son esenciales en tu vida dará al discurso un toque muy emotivo.

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