legado
No hay duda de que Victoria amaba profundamente a Albert. Después de su muerte, fue honrado al ser sepultado en un elaborado mausoleo en la casa Frogmore, no lejos del castillo de Windsor. Después de su muerte, Victoria fue enterrada a su lado.
Después de su muerte, se hizo más conocido por su calidad de estadista y su servicio a la reina Victoria. El Royal Albert Hall de Londres fue nombrado en honor del Príncipe Albert, y su nombre también se encuentra en el Museo Victoria and Albert de Londres. Un puente que cruza el Támesis, que Albert sugirió construir en 1860, también se llama en su honor.
Monarquía en riesgo
En 1841 Robert Peel ganó las elecciones y fue nombrado primer ministro del Reino Unido. En esa oportunidad la reina Victoria, más madura, aceptó en buen grado los cambios propuestos por el líder dentro de su personal.
Durante el mandato de Victoria se produjo una gran hambruna en Irlanda. Ella donó dos mil libras esterlinas de la época para colaborar con la asistencia a los afectados, con lo que pasó a ser la mayor colaboradora individual en la tragedia.
En 1846 Peel renunció y fue sustituido por Lord John Russell. En esa época la reina intentó acercar las relaciones de su país con Francia. De hecho, el rey Luis Felipe tomó refugio en Inglaterra tras ser depuesto.
A mediados de la década de 1840, la familia real se trasladó a isla de Wight por la amenaza que representaba entonces el nacionalismo irlandés.
En 1861 falleció Victoria, la duquesa de Kent, madre de la reina. Tras leer algunos documentos de su madre, la soberana llegó a la conclusión de que esta siempre la había querido y que los traumas de su infancia eran productos de la manipulación de John Conroy.
Puede servirte: Las 7 Aportaciones de los Toltecas Más ImportantesLa reina Victoria estuvo sumamente deprimida tras la muerte de la duquesa. Por eso su esposo, el príncipe Alberto, la ayudó con sus deberes oficiales durante un tiempo.
La reina Victoria y el príncipe Alberto: el arte del amor
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A lo largo de su vida, la reina Victoria tuvo un gran aprecio por los abanicos, los cuales eran además de un accesorio de moda, auténticas obras de arte. Este abanico es un claro ejemplo. Data del 1750, fue pintado por una pareja de la corte y el príncipe Alberto se lo regaló en la época de su boda
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Este broche fue un regalo de Alberto que Victoria llevó el día de su boda. El día antes ella dijo que lo llevaría y lo describió en el diario como “un espléndido broche, con un gran zafiro rodeado de diamantes, realmente bonito”
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Victoria no fue la única mujer que se puso joyas especiales en su boda. Este broche con forma de águila fue un regalo que lucieron las 12 damas de honor que la acompañaron en el altar. Tiene un significado especial: la turquesa y las perlas representan el amor verdadero, los rubíes la pasión y los diamantes la eternidad

