La reina Camilla revela su percance con los zapatos el día de su boda y la reacción que tuvo Isabel II
Actualizado 18 de Septiembre de 2022 - 21:41 CEST Por Patricia Martin, Martín Gálvez PiquerasLa reina Camilla ha rendido un bonito homenaje a Isabel II a través de un especial emitido esta noche en la BBC, poco antes del minuto de silencio que se guardaba en honor a la difunta monarca a las 20:00h (21:00 hora española). La esposa de Carlos III ha elegido la víspera del funeral de Estado, que tendrá lugar este lunes en la Abadía de Westminster, para dedicar unas palabras a la que ha sido su suegra. Una intervención a modo de entrevista que, como no podía ser de otra forma, ha estado repleta de cariño y admiración. Además de contar una anécdota tan embarazosa como divertida, también habló del legado perdurable de la soberana y de otros recuerdos personales con ella.
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El mundo rinde homenaje a la reina Isabel II

(CNN) -- Uno de los muchos legados que dejó la reina Isabel II es una ilustración de cómo la ropa puede unir a una nación. Captada en movimiento por un ejército de hombres y mujeres detrás de una cámara a lo largo de su reinado de 70 años, la monarca británica con más años de servicio mostró una comprensión innata y fina de la marca visual.
El padre de Isabel, el rey Jorge VI, había explorado previamente el valor de la moda y la creación de imágenes con resultados positivos: en una misión para recuperar la confianza del público después de que su hermano Eduardo VIII abdicara para casarse con la estadounidense Wallis Simpson, que se había divorciado dos veces, Jorge invitó al sastre Norman Hartnell para examinar la colección de arte del Palacio de Buckingham en busca de inspiración. Mientras que la sofisticada Simpson vestía a la última moda, el rey encargó vestidos para su esposa e hijas que subrayaran las tradiciones y, en consecuencia, la estabilidad de la era victoriana.

El rey Jorge VI, la reina Isabel (más conocida como la reina madre) y la entonces princesa Isabel, hacia fines de la década de 1930. (Crédito: UIG vía Getty Images)
Tras la muerte de su padre, en 1952, la llegada al trono de la reina Isabel II trajo consigo la necesidad inmediata de volver a calmar a su pueblo. El espectáculo de Isabel, miembro glamorosa y carismática de la realeza, ahora se fortalecería con seriedad y autoridad para asegurar a los políticos, jefes de Estado internacionales y súbditos su intención de largo plazo.
Una íntima ceremonia en el ayuntamiento de Windsor con la ausencia de Isabel II
Apenas 28 invitados pudieron vivir en directo el 'Sí, quiero' de Carlos y Camilla, algo absolutamente excepcional en la boda de un príncipe heredero. Ambos estaban divorciados y apenas tres años antes, la iglesia anglicana había cambiado la norma para aceptar los matrimonios de personas divorciadas. Pero la iglesia de Inglaterra llegó al convencimiento de que era mejor un matrimonio civil, de tal manera que se convirtió en el primer miembro de la familia real inglesa en casarse de esta manera. A esa ceremonia civil no asistieron ni Isabel II ni Felipe de Edimburgo.
Después de la ceremonia civil, la novia se cambió de traje y acudieron a un servicio religioso en la capilla de San Jorge y una celebración posterior, en la que sí estuvieron los monarcas acompañados de 800 invitados.
La sinusitis de Camilla que casi estropea su gran día
Hay detalles de aquel gran día que solo años después se han conocido. Penny Junor, cronista real y autor de la biografía de Camilla, desveló que aquel día la reina apenas se podía levantar aquejada de sinusitis. Había pasado la noche anterior en Clarence House con su hermana Annabel y su hija Laura, y el gran día apenas se podía levantar entre la sinusitis y los nervios.
Finalmente, y rodeada por los suyos, Camilla se levantó para no llegar tarde a su boda, y disfrutó de un día en el que todo salió redondo, incluido el discurso que dio Isabel II y que, según los presentes, estuvo lleno de muestras de cariño hacia ambos.

La reina Isabel II junto a Carlos y Camilla a la salida del servicio religioso que tuvo lugar en la capilla de San Jorge de Windsor tras su boda civil.
