El legado de Nino Bravo a través de su esposa: una historia de amor y admiración
Nino Bravo, el famoso cantante español, dejó un legado imborrable en la industria de la música, pero su impacto no solo se limitó a su talento artístico. Detrás de su éxito se encontraba una historia de amor y admiración protagonizada por su esposa, Amparo Martínez.
La historia de amor entre Nino Bravo y Amparo Martínez fue una de esas que trascienden el tiempo y las adversidades. Desde el primer momento en que se conocieron, hubo una conexión especial que los uniría para siempre. Amparo fue su apoyo incondicional a lo largo de su carrera, animándolo en los momentos difíciles y celebrando juntos los éxitos.
Juntos, Nino y Amparo formaron una pareja sólida y comprometida, siendo un ejemplo de amor y compañerismo en la industria del espectáculo. Amparo se convirtió en su confidente, su musa y su mayor fan, siempre alentándolo a seguir adelante y demostrándole su apoyo inquebrantable.
No solo fue el amor lo que unió a esta pareja, sino también el respeto y admiración mutua. Amparo fue testigo de la evolución y crecimiento artístico de Nino Bravo, y se convirtió en una fuente de inspiración para él. Juntos, trabajaron en colaboración, perfeccionando su música y buscando siempre la excelencia.
A través de la historia de amor y admiración entre Nino Bravo y Amparo Martínez, podemos comprender mejor el legado dejado por el inolvidable cantante. Su música, sus éxitos y su influencia en la industria musical son el reflejo del amor y la dedicación que compartieron en su relación. Una historia que nos inspira a creer en el poder del amor y en la importancia de tener un apoyo incondicional en nuestras vidas.
Todos estaban en shock
Pero Nino Bravo perdió esa batalla en una camilla del Ciudad Sanitaria Francisco Franco, ahora llamado Hospital Universitario Gregorio Marañón. "Fue un día que habíamos dormido perfectamente en casa, habíamos parado a almorzar", recuerda Pepe Juesas. "No hubo ningún tipo de imprudencia. Fue, desgraciadamente, un lance del destino", dice el productor musical Fernando Romero. "Fue un shock tremendo", añade el periodista Guillermo Ortigueira. "El shock que yo recibí fue muy grande. Acabas de fotografiar a una persona y se muere en accidente de automóvil", remata Martín Frías.
Antes de morir, Nino Bravo trabajaba en un nuevo disco, titulado . ..Y volumen 5, que tuvo que ser terminado por su equipo con descartes de otros trabajos y grabaciones recuperadas. Entre los temas figuran el gran éxito América, América y Laura y Mona Lisa, versiones de los temas de Frank Sinatra y Nat King Cole. Pero entre todas hay una muy especial, Vivir, la única canción conocida en la que participó el cantante y que quiso dedicar a su esposa, Mary. El tema lo tuvieron que terminar Vicente López y Pepe Juesas. "Es un himno a la vida tremendo", dice con tristeza el guitarrista.
¿Se produjo alguna imprudencia? ¿Hubo temeridad?
El siniestro se produjo a las 10 de la mañana, tres horas después de comenzar el viaje. El cantante llevaba el coche y la prensa de la época publicó que no era muy buen conductor. También que la carretera no estaba en condiciones óptimas. Lo que ocurrió, al parecer, fue un capricho aciago de destino: Nino Bravo estaba dando la vuelta a una casete mientras hablaba con uno de sus acompañantes, el coche se desvió de su trayectoria y él pegó un volantazo que hizo zozobrar el vehículo, que terminó volcado. El cantante es el que está en peor estado.
A todos los trasladan en vehículos particulares al hospital llamado Santa Emilia de Tarancón. Las monjas intentan sanar las heridas, pero necesitan otro tipo de ayuda y se les lleva a Madrid, recorriendo 80 kilómetros de lucha contra la muerte.
Vivir, un himno a la vida tras la muerte de Nino
Hablar sobre aquel “tremendo himno a la vida”, como lo define Juesas, poco antes del momento de su muerte es algo que marcó para siempre al Juesas, que, junto a Romero y Ciaurriz, sí salieron del accidente con vida. En el documental explican por qué fue tan importante sacar adelante aquel tema de forma póstuma, una canción de la que Nino solo había escrito el estribillo, pero acabaría tomando forma, tras su muerte, con los arreglos de uno de sus cómplices más cercanos, Juan Carlos Calderón. “Esta canción te inyecta tanta vitalidad que está claro que esto tiene que ser estimulo para muchísima gente. Eso algo muy grande”, cuenta Juesas.
Hecho de retales y de canciones que lograron conservarse con mucho esmero, a finales de 1973, pocos meses después de su muerte se publicó … y volumen 5 (1973), el disco póstumo de Nino Bravo. Un trabajo en el que se incluyen éxitos como América, América y Laura y Mona Lisa, versiones de los temas de Frank Sinatra y Nat King Cole.
Para ese mismo disco, Nino también había estado trabajando en una idea para versionar el Himno al amor de Edith Piaf. Algo de lo que también hablaron en aquel último viaje en coche. En Nino Bravo, vivir (2023), Pepe Juesas cuenta que el músico se puso a tararear la melodía de aquella canción. Nadie sabrá jamás qué podía haber hecho con ella, porque no llegó a materializarse de ninguna manera, pero algunos de los miembros de su grupo que sí llegaron a escucharla, cuentan que su particular himno al amor era “arrollador”. Un adjetivo que persiste para recordar toda su obra. Nos queda, desde luego, su himno a la vida, Vivir.
Las tres 'viudas' de Nino Bravo a los 50 años de su muerte: qué pasó con su herencia secreta

Nino Bravo, flanqueado por su hija Amparo (i.), su mujer, María Amparo (c.d.), y su hija Eva (d.). Diseño: Arte EE
Si en Estados Unidos apodaron a Frank Sinatra como La voz, nosotros tuvimos nuestra versión made in Spain en la figura de Nino Bravo, fallecido el 16 de abril de 1973. Hoy se cumple el 50º aniversario de su despedida final. Tenía 28 años. Estuvo un plis de ingresar en el famoso Club de los 27. En aquel momento el artista valenciano había subido todos los peldaños hasta alcanzar un éxito sin precedentes en tan poco tiempo porque en sus últimos cuatro años de vida se había convertido en uno de los cantantes mejor pagados de España.
“Podríamos decir que estaba entre los tres primeros junto a Raphael y Julio Iglesias, ya que por actuación cobraba entre 100.000 y 150.000 pesetas, que no estaba nada mal para la época. Hacía un promedio de entre 80 a 100 galas en la temporada veraniega que se extendía de mayo a septiembre”, afirma Darío Ledesma, el único biógrafo oficial que recientemente publicó el libro Nino Bravo: voz y corazón (Editorial Milenio). Todo se truncó cuando el coche que nunca debió conducir –lo tenía que haber hecho su cuñado y mano derecha, Manu Martínez, que se quedó en Valencia haciendo varias gestiones– se salió de la carrera en una curva del municipio de Villarrubio (Cuenca), dio tres vueltas de campana. Falleció de camino a un hospital madrileño. Los otros tres ocupantes sobrevivieron.
