"Habría sido el Sinatra latino"
Generó muchos millones de pesetas, pero lejos de guardarlos en el banco, los reinvertía en el negocio. Era tremendamente perfeccionista y quería ayudar a otros artistas, ya que él no tuvo esa oportunidad. “No es que fuera rico -matiza Darío- porque invertía todo lo que ganaba, quería seguir generando opciones para continuar en el mundo de la música”. Todo se truncó aquel 16 de abril. En esos comienzos de los 70 había conseguido varios números 1 con Te quiero, te quiero, Noelia o Un beso y una flor. De no haberse detenido el tiempo, su biógrafo oficial tiene claro que habría roto barreras y más fronteras: “Con certeza te digo que quería grabar un disco del folclore valenciano y el himno de Valencia, deseaba componer más temas -solo escribió uno, Vivir- porque en las entrevistas declaraba que había escrito canciones, también hubiera grabado en otros idiomas y seguro que habría hecho un dueto con Tom Jones, que era su espejo. Habría sido el Frank Sinatra a lo latino”.
"Hubiera grabado en otros idiomas y seguro que habría hecho un dueto con Tom Jones, que era su espejo. Habría sido el Frank Sinatra a lo latino"
Darío Ledesma, único biógrafo de Nino Bravo
En Pasaporte a Dublín, Karina aprendió mucho de él porque “tenía una voz natural, que el destino se la puso ahí, cantaba sin esfuerzo, le salía con naturalidad, tenía una manera de expresar y frasear muy bonita. Yo me escondía tras la cortina del Estudio 1 de TVE para escucharle. Quería aprender. Era un maestro”.
El éxito ha continuado. De hecho, “es el único español que después de 20 años fallecido ha vendido más de un millón de copias sólo en España. Ocurrió con el disco de duetos llamado 50 Aniversario en 1995”. La desgracia que cebó a la familia Ferri-Martínez les impidió saborear una vida digna de los dioses de la música de la época, pero sus tres mujeres, María Amparo, Amparo y Eva fueron millonarias en el cariño mostrado por la abuela, los tíos, los amigos, los vecinos y los fans. El 12 de septiembre de 1973 en la Plaza de Toros de Valencia se celebró un concierto homenaje en el que participaron Julio Iglesias, Mari Trini, Mocedades, Manolo Escobar, Dova, Jaime Morey, Bruno Lomas y Humo, el dúo que iba a promocionar Nino y que justamente viajaban en aquel coche que quedó destrozado.
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Nino Bravo y su mujer, Amparo, con quien tuvo dos hijas | Nino Bravo Oficial
Un desafortunado accidente de coche acabó con la vida de Nino Bravo el 16 de abril de 1973. Era un lunes por la mañana, y su agenda estaba llena de compromisos. Junto a él iban José Juesas Francés y el Dúo Humo, de camino a Madrid desde Valencia. La peor parte se la llevó el conductor, un joven de 28 años nacido como Luis Manuel Ferri Llopis, que se acababa de casar y esperaba su segunda hija.
The Beatles y Serrat sonaron en su último viaje
La historia la cuentan el propio Juesas y Romero en Nino Bravo, Vivir (2023), el nuevo documental producido por el programa Imprescindibles con el que se rinde tributo a uno de los artistas más importantes de la historia musical española, que se estrena coincidiendo con el 50 aniversario de su fallecimiento. En él, los dos músicos relatan aquel las horas previas al fatídico accidente de tráfico en el que Nino Bravo perdió la vida. Un viaje, entre Valencia y Madrid, muy diferente al que puede hacerse hoy día, mucho más largo y cuyo trayecto se hacía por viejas carreteras secundarias.
Habían salido muy temprano, a las 7 de la mañana ya estaban en marcha. Con Nino al volante, los cuatro dejaron pasar las horas con lo que más les apasionaba: la música. Los Beatles, Serrat… sonaban a todo volumen en el reproductor de casettes del coche. También hablaron de la producción del disco que tenían entre manos. Poco antes del accidente, me llamó a casa y me dijo que había compuesto unas notas”, cuenta Juesas. Nino se refería a la canción Vivir, que tuvo que terminar de arreglarse en estudio, de forma póstuma. Inicialmente, la letra de aquel tema decía “Mary”, en vez de “vivir”, en referencia a su mujer, a quién quiso dedicar la canción.
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Nino Bravo, flanqueado por su hija Amparo (i.), su mujer, María Amparo (c.d.), y su hija Eva (d.). Diseño: Arte EE
Si en Estados Unidos apodaron a Frank Sinatra como La voz, nosotros tuvimos nuestra versión made in Spain en la figura de Nino Bravo, fallecido el 16 de abril de 1973. Hoy se cumple el 50º aniversario de su despedida final. Tenía 28 años. Estuvo un plis de ingresar en el famoso Club de los 27. En aquel momento el artista valenciano había subido todos los peldaños hasta alcanzar un éxito sin precedentes en tan poco tiempo porque en sus últimos cuatro años de vida se había convertido en uno de los cantantes mejor pagados de España.
“Podríamos decir que estaba entre los tres primeros junto a Raphael y Julio Iglesias, ya que por actuación cobraba entre 100.000 y 150.000 pesetas, que no estaba nada mal para la época. Hacía un promedio de entre 80 a 100 galas en la temporada veraniega que se extendía de mayo a septiembre”, afirma Darío Ledesma, el único biógrafo oficial que recientemente publicó el libro Nino Bravo: voz y corazón (Editorial Milenio). Todo se truncó cuando el coche que nunca debió conducir –lo tenía que haber hecho su cuñado y mano derecha, Manu Martínez, que se quedó en Valencia haciendo varias gestiones– se salió de la carrera en una curva del municipio de Villarrubio (Cuenca), dio tres vueltas de campana. Falleció de camino a un hospital madrileño. Los otros tres ocupantes sobrevivieron.
Su mujer estaba embarazada cuando ocurrió el accidente
Nino Bravo era, ante todo, una persona muy familiar. La llegada al mundo de su primera hija, Amparo, le hizo una enorme ilusión, como se puede ver en imágenes de la época. "Esta actuación", decía, con el bebé en brazos, sobre la experiencia de ser padre, "es la primera vez que la hago y siempre que se actúa por primera vez, se sienten unos nervios extraños. Luego, en el segundo o el tercero… Este es el primero de la docena. En el último ya estaré tranquilo".
"Sinceramente yo a mi hija no la encuentro todavía. A mí me han dicho que esta es mi hija y estoy tratando de creerme que es así, pero yo la veo de todo, menos de mí", bromeaba, antes de decir que le dedicaría la canción "Como todos". Miraba a la niña con verdadera adoración, un gesto ante el que su hija ahora, más de 50 años después, no puede contener la emoción. "Le veo cómo habla y cómo mira y me reconozco yo también… y a mi hijo, porque mi hijo ha sacado los ojos muy parecidos a él, los ojos Ferri", asegura Amparo.
El artista no pudo conocer a su segunda hija. Su mujer estaba embarazada en el momento del accidente en el que Nino Bravo perdió la vida y, siete meses después de la tragedia, nació la pequeña Eva. De alguna forma, Nino Bravo siempre ha estado a su lado. "Vivimos con él. Siempre está presente. Es un padre que no lo hemos tenido físicamente, pero siempre nos acompaña. El día a día nuestro siempre ha sido con él", dice Eva Ferri en la actualidad. Como asegura Amparo, "tenemos la fortuna de que él sigue vivo, de que Nino Bravo sigue vivo".
