¿Por qué las novias usan un vestido blanco el día de su boda? El origen del vestido de novia blanco

El color blanco en un vestido de novia lo podemos encontrar en tiempos de los romanos y los griegos. El color blanco se suele asociar con la pureza y la virginidad. Si bien, tanto en la antigua Roma como en Grecia, el vestido de novia blanco no era ni mucho menos generalizado. Además, aunque alguno de los vestidos fuera blanco, solía ir acompañado de otras prendas de color como alguna de tipo capa, túnica, chal, velo o ropas similares.
Lo que sí solía ser habitual era adornar el pelo con flores. Bien en forma de corona, diadema o similar. Las flores solían ser un complemento habitual para las novias.
Marlaska a Mari Mar Blanco: "Vuelva al espíritu de Ermua"

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha instado este martes a la senadora del PP Mari Mar Blanco y hermana del concejal de ese partido Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado por ETA en 1997, a volver al espíritu de Ermua, al pacto de Ajuria Enea y a respetar la dignidad de las víctimas.
El zulo de Ortega Lara, a 24 minutos de casa
La sensación que reinaba en su casa era que todo se iba a arreglar", recuerda Jaime
En la casa de Miguel no se perdía la esperanza. “Todo se solucionará”, era el consuelo que repetían. ETA no podría ignorar aquel clamor jamás antes visto en Euskadi. Lo hizo. Sus amigos, los de la banda, no dejaron sola a la familia. “Estuvimos en su casa desde el primer día, de jueves a domingo. Entrábamos a primera hora y nos íbamos de noche. Recuerdo bien esos momentos, segundo a segundo. La sensación que reinaba en esa casa era que todo se iba a arreglar”, recuerda Jaime. Ni siquiera cuando el cuerpo fue localizado agonizante en un descampado de Lasarte se perdió la esperanza. El resquicio de que Miguel sobreviviría se mantuvo hasta el final, incluso en el viaje que la familia emprendió a toda prisa camino del hospital.
Las 48 horas en las que Miguel Ángel Blanco derrotó a ETA

El tiempo lo difumina todo, incluso la memoria. En el peor de los casos la borra para siempre. Ni siquiera los episodios más duros, los más traumáticos o los que llegan a poner en pie a una sociedad se libran de su erosión. No hace falta acumular muchos años para notar su desgaste, basta con 25. Este domingo se cumplen cinco lustros desde que Euskadi despertó, España le secundó y todo el país dijo basta a ETA y su entorno. El secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco sólo fue la gota de un vaso que colmó de rabia, indignación y miedo acumulado. Quienes nacieron en el XX no lo olvidan. Recuerdan dónde estaban, qué sintieron, qué hicieron. Los más jóvenes, los nacidos en este milenio, en el mejor de los casos son capaces de dibujar un escueto relato de lo sucedido. Sólo de oídas. Poco más. La mayoría, ni eso. Miguel Angel Blanco y los tres días de julio de 1997 que cambiaron para siempre a la sociedad son una laguna generacional más.
Es difícil olvidar esos días que se insertan entre los más convulsos vividos en democracia. La mirada atrás a aquella cuenta atrás mortal de 48 horas en las que el país estuvo en vilo muestran cómo España, su sociedad, ha cambiado. También lo ha hecho de modo profundo su relación con lo que significó y fue ETA y su entorno. En estos 25 años transcurridos el mayor logro ha sido, sin duda, la derrota de la banda terrorista que certificó su desarme en 2018. Su rastro, en cambio, sigue vivo en forma de cientos de crímenes aún por resolver, condenas por explicitar por quienes un día le alentaron y aplaudieron y exigencias democráticas que han pasado de ser inexcusables a moldeables.
Fue precisamente la negativa del Gobierno a negociar con ETA y su mundo el que se mantuvo firme pese al ultimátum dado por la banda para liberar a Miguel Ángel a cambio del acercamiento de presos. Después llegó el aislamiento político de la izquierda abertzale, la ley de partidos, su ilegalización y la exigencia a un desmarque mínimo, al menos en sus estatutos, de la violencia para volver a abrir la puerta de las instituciones y las urnas a aquel mundo que guardó silencio ante el dolor del terrorismo.
