El Destino de la Novia de Miguel Ángel Blanco - Entre Tragedia y Recuerdo

CÓMO FUE ASESINADO

Todavía hoy, 25 años después de su secuestro y posterior asesinato, nada se sabe de dónde escondieron los etarras a Miguel Ángel Blanco.

Según se ha podido saber de la investigación judicial del caso, los etarras buscaron una lonja para esconderse con Blanco durante un par de días, pero las gestiones de la persona a la que se lo pidieron no dieron resultado, por lo que encontraron un lugar alternativo todavía desconocido.

Sí se conoce, por escuchas policiales al comando Donosti, que horas antes de ser asesinado el concejal pensaba que se lo llevaban para cambiar de secuestradores, no para que lo mataran.

Tras sacarle de donde lo tuvieran escondido, metieron a Miguel Ángel, encapuchado y maniatado con un cable, en el maletero de un coche. De allí se lo llevaron a un descampado a las afueras de Lasarte, localidad cercana a San Sebastián y a unos 45 kilómetros de Eibar, donde fue secuestrado.

Según diversas informaciones, fueron Txapote y Geresta Mújica quienes le sacaron del vehículo mientras Gallasgtegi se quedaba al volante.

Tras caminar unos metros, Geresta Mújica obligó a arrodillarse a Blanco mientras Txapote se situaba tras él y le pegaba dos tiros.

Eran las 16:00 horas del 12 de julio de 1997.

Cuarenta minutos más tarde, dos senderistas que paseaban con su perro se encontraron al concejal del PP agonizando en el suelo.

Fue trasladado al hospital Nuestra Señora de Aranzazu de San Sebastián, donde ingresa a las 17:30 horas todavía vivo, sí, pero en una situación de “extrema gravedad”.

La noticia salta a los informativos de todo el país y también a Ermua, donde su alcalde, Carlos Totorika, se dirige a la multitud que aguardaba frente al Ayuntamiento noticias del concejal.

“Nos han confirmado que Miguel Ángel ha sido asesinado”, dijo. Al grito de dolor de los presentes se añadió el de ”¡Asesinos!” e ”¡Hijos de puta!”.

Que fue de la novia de miguel angel blanco

Author

  1. María Jiménez Ramos Profesora de la Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra

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Cuando la organización terrorista ETA secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco Garrido, acumulaba en su haber de asesinados a cerca de 800 personas. Sin embargo, la movilización sin precedentes para pedir la liberación y condenar el asesinato del joven concejal de Ermua y, sobre todo, el hecho de que todos aquellos que tenían conciencia recuerden dónde estaban o qué hacían cuando recibieron la noticia de su secuestro o de su muerte dejan entrever que Miguel Ángel Blanco no fue una víctima más del terrorismo.

Veinticinco años después de aquellos días de julio, reparar en los motivos que explican por qué una víctima concreta ascendió a categoría de símbolo ayuda a comprender un episodio memorable de nuestra historia reciente.

Una vez más, ETA respondió a una crisis interna redoblando la crueldad. En la década de ochenta, pasados los años de plomo en los que la organización terrorista acumuló un mayor número de víctimas, quienes dictaban sus designios se convencieron de que los asesinatos selectivos no eran eficaces.

Las víctimas, en su mayoría, eran miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de las Fuerzas Armadas o aquellos considerados “enemigos del pueblo vasco” y acusados de narcotráfico o de chivatos. Estos perfiles, unidos al avance del discurso nacionalista radical que dibujaba una frontera palpable entre los nuestros y los otros, empujaban a la sociedad, particularmente la vasca, a considerar a las víctimas como ajenas.

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En la resolución en la que el Tribunal de París accede a ampliar esa entrega, la Sala deja constancia de la oposición de "Anboto" a la medida. Su defensa argumentó que "la naturaleza, calificación jurídica, fecha, lugar y circunstancias del delito y el grado de participación en el mismo" de la exjefa de la banda terrorista era "imprecisa", contraviniendo lo dispuesto al respecto en la Ley de Enjuiciamiento Criminal francesa.

Sin embargo, la Justicia francesa concluyó que la petición de la Audiencia Nacional sí cumplía con los requisitos que impone la legislación procesal gala. Y aunque en ese escrito el tribunal precisa que no le corresponde pronunciarse sobre el "valor probatorio de las pruebas" contra "Anboto" en la causa abierta contra ella por el juez español -dado que el procedimiento de entrega de la orden de detención europea, recuerda, "se basa en el principio de confianza mutua"-, sí deja claro que su supuesto "grado de participación" está "particularmente bien acreditado" en la petición cursada por nuestro país.

El tribunal expone que, según la documentación remitida por España, el grado de implicación de la exjefa de ETA en el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco "se desprende de su condición de principal responsable" de los comandos "legales" de ETA en el momento de los hechos, y en particular del "comando Kattu", que "estaba operativo en ese momento". "La responsabilidad de estos comandos -añade haciendo alusión a la orden europea de detención- implicaba coordinar a sus miembros: organizar la entrega de armas y explosivos, determinar los objetivos de los atentados y dirigir las acciones terroristas".

El potencial pedagógico de la historia de Miguel Ángel Blanco

En las personas que, por distintas circunstancias, se han convertido en símbolos de un fenómeno o un momento histórico converge un rasgo: la trascendencia de los valores que encarnan las convierte en emblemáticas, no solo para sus contemporáneos, sino también para las generaciones siguientes.

En tiempos del posterrorismo, las víctimas se han erigido como figuras con un potencial pedagógico inigualable. Conocer la historia del terrorismo desde su perspectiva no solo salda la deuda moral que se creó cuando se las olvidó, se las ignoró o se las maltrató; también permite establecer mecanismos de empatía con la audiencia a través de la autoridad que concede haber vivido los acontecimientos en primera persona.

Las historias de las víctimas y los testimonios de los supervivientes se han demostrado eficaces para cambiar la perspectiva que los más jóvenes tienen sobre el terrorismo. Y algunas de esas historias concentran rasgos que la hacen particularmente eficaces. La de Miguel Ángel Blanco es una de ellas: sus orígenes familiares humildes, sus planes de futuro junto a su novia, su afición a la música, su juventud y su decisión de comprometerse políticamente pese al riesgo que entrañaba en el País Vasco de mediados de los noventa sugieren valores y vivencias con las que la audiencia puede fácilmente reconocerse e incluso admirarse.

Los estudios recientes que alertan del desconocimiento en torno a la figura de Miguel Ángel Blanco solo apuntan a que los jóvenes no saben su historia, pero no evalúan qué efectos tiene una vez que se les cuenta. ¿Y si para quienes no vivieron su secuestro y asesinato la historia de Miguel Ángel se convierte en la puerta de entrada al conocimiento del terrorismo? ¿Y si, una vez conocida, también a sus ojos se eleva a categoría de símbolo? ¿Y si en lugar de frustrarnos ante el desconocimiento de las nuevas generaciones nos preguntamos por qué no les hemos contado lo que ocurrió aquellos días de julio?

Así es y así vive hoy la novia de Miguel Ángel Blanco, ausente en los homenajes

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Pero todo aquello ha quedado atrás. María del Mar Díaz González, la viuda de Miguel Ángel Blanco, dejó la tierra en la que nació y se refugió en un pequeño pueblo catalán para intentar rehacer su vida. Y lo consiguió.

Huyó de la presión mediática, se distanció de la familia de su novio y pidió ayuda a políticos notables del PP para poder salir del foco. Le brindaron su mano el siempre influyente periodista José María García; el por entonces presidente de los populares vascos, Carlos Iturgaiz, y hasta el mismísimo secretario de Estado de Administraciones Públicas, Jorge Fernández Díaz, cuyo jefe en el Ministerio era Mariano Rajoy.

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