Solo en su finca
Hay un restaurante en la carretera que sale de Badajoz en dirección a Cáceres al que Antonio Ferrera suele ir a comer de vez en cuando. El negocio se llama Mayga 'El Cordobés'. El padre del matador pasó por allí a saludar al dueño un par de días antes de que su hijo tuviera que ser rescatado por bomberos.
"Aquí viene bastante. Nos trae a los chavales que se quedan en su casa, a amistades cuando organiza alguna fiesta o alguna capea. También ha salido a correr algún día y ha acabado aquí desayunando. Nunca imaginé que tuviera problemas", cuenta un camarero.
Si se sigue por esa carretera, a unos 8 kilómetros de distancia de ese restaurante está la finca Las Carboneras. Es la más pequeña de las dos que tiene el diestro afincado en Villafranco. En la verja de entrada están las iniciales de su nombre y primer apellido (A y F) forjadas en hierro. Ahí, a caballo del otro terreno que tiene cerca de aquí, donde guarda el ganado, vive el diestro que el martes pasado cayó al Guadiana. Alrededor no hay vecinos, sólo dehesa. "Quizás al torero le haya influido el lugar, que invita a la melancolía", dice un senderista que camina cerca de allí.
Antonio Ferrera: «Cuando uno tiene inquietudes, la creatividad sigue viva»

La longevidad en el toreo es algo que no deja de sorprender. El esfuerzo de jugarse la vida delante de un toro un día sí y al otro también hace que el desgaste se mida en la capacidad de resistencia de cada torero y, por supuesto, en los sacrificios que es capaz de hacer por mantenerse en activo. Y, en Antonio Ferrera, todo esto se multiplica. El extremeño acaba de cumplir 27 años de alternativa, ya casi ha perdido la cuenta de las cornadas y los percances sufridos y, durante toda su trayectoria, ha hecho gala de una amplia gama de conceptos a la hora de torear según qué tipo de toros. Para muchos es un verdadero maestro, otros lo tildan de histriónico, pero lo que está claro es que no deja indiferente a nadie y que, aun siendo uno de los veteranos del escalafón, su nombre sigue atrayendo y generando curiosidad entre los aficionados. Sin ir más lejos, el pasado Domingo de Ramos en Las Ventas, con una entrada de récord para un día así, Antonio Ferrera cortó la primera oreja de la temporada madrileña 2024. Hablamos con el torero.
Antonio Ferrera, clarividencia y personalidad

Fue una gran tarde de toros, una lección magistral de un torero, Antonio Ferrera, transfigurado en un torrente de clarividencia y personalidad, que protagonizó la difícil gesta de encerrarse en solitario con seis toros, solo cortó dos orejas, y salió a hombros con todo merecimiento entre la emoción incontenida de una plaza que acababa de vivir una página gloriosa del toreo moderno.
Miquel Vals, sobre la 'espantada' del torero Juan Ortega en su boda: "Su entorno apunta hacia una infidelidad de la novia"
El torero Juan Ortega decidía no casarse media hora antes de que empezara su boda en Jerez de la Frontera con 500 invitados y una novia a la espera.

El torero Juan Ortega se ha convertido en noticia este fin de semana por haber dejado plantada a su novia a media hora de la boda en Jerez de la Frontera. Al enlace acudían 500 invitados en un banquete que cuesta un mínimo de 80.000 euros. Una cuantía que presumiblemente afrontará el diestro. La noche previa a la celebración del enlace al novio se le vio con total normalidad bailando con su prometida en una fiesta "muy animada".
Carmen, la novia; médico especialista en cardiología, no podía dar crédito a este cambio repentino sobre la ceremonia. El sevillano ha desaparecido y ha blindado sus redes sociales. Ha decidido no continuar con su relación después de 10 años.
Algo habría hecho dudar al novio horas antes del enlace
Apunta el periodista Miquel Vals que por parte del entorno de él dicen que se podría haber enterado horas antes de ir a la iglesia de que "había sucedido algo en la despedida de soltera con alguien que le habría sentado muy mal: apuntan a una posible infidelidad de ella". Por parte del entorno de ella solo salen insultos y reproches, explica.
Espejo Público ha hablado con un testigo que vio a la ya expareja entrando en la iglesia el día antes de la boda. Cuenta que a ella se le vio muy pletórica, muy sonriente y él estaba un poco más seco. "Se respiraba un ambiente de silencio", apunta.
