Las otras mujeres del rey Alfonso XII de España
Tras la muerte de Mercedes, es cierto que ninguna mujer se asemejó al amor que ésta le aportó a Alfonso XII. Pero sí algunas de ellas sirvieron para que volviese a sonreír. Antes de su segundo matrimonio con María Cristina Habsburgo-Lorena, el cual fue completamente sin amor (14), regresó a su vida Elena Sanz, una mujer hasta ahora desconocida para nosotros, pero que marcó la vida del Rey Alfonso XII, desde antes de conocer a su amada María de las Mercedes, y que le devolvió la ilusión.

El Rey supo de la existencia de Elena Sanz durante su «etapa de picaflor», antes de caer enamorado de su ya difunta esposa. Cuando la conoció, Elena era una cantante de ópera de 28 años, trece mayor que Alfonso. El joven príncipe de entonces quedó embelesado completamente. Pero no fue hasta la muerte de María de las Mercedes cuando Alfonso XII decidió volver a buscarla. Y tuvieron un apasionado romance.
Muchos historiadores creen que, si no fue el primero, sin duda, fue el segundo gran amor del Rey Alfonso XII. Dos meses antes de que el rey contrajese nupcias con la futura Reina María Cristina – Cánovas del Castillo, nunca se cansó de insistir al Rey en volver a casarse, tanto así, que fue él quien le buscó a “la novia ideal” -, su amante Elena dio a luz a su hijo Alfonso, quien nunca llegaría a ser reconocido por su padre, el Rey Alfonso XII. Tristemente, el amor de ambos nunca llegó a más y Elena Sanz siempre fue, únicamente, “la otra” (15).
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La boda (y enamoramiento) de Margot (como llaman en casa a la infanta Margarita) fue una sorpresa para su propia familia. Nadie se esperaba que la hija ciega de los condes de Barcelona pudiera aspirar a ser la protagonista del matrimonio más exitoso de los Borbones en los últimos tiempos: 50 años llevan juntos la infanta y su marido.
Tanto era el prejuicio que el padre del rey Juan Carlos tenía sobre las posibilidades maritales de su hija que al principio llegó a dudar de las intenciones de su pretendiente, un joven cardiólogo, hijo a su vez de médico, de origen plebeyo pero de buena familia y con todo el futuro por delante.
Pero mientras los demás sospechaban, los novios se confesaban su amor y hacían planes de futuro en cartas escritas en Braille (que el doctor Carlos Zurita aprendió para comunicarse con la infanta). Juntos acabaron protagonizando una boda modesta en el exilio portugués de la familia real española que unió a dos personas que se querían frente a unos testigos que se peleaban entre ellos.
Gonzalo de Borbón y Dampierre
Gonzalo de Borbón y Dampierre (Roma, Italia, 5 de junio de 1937 - Lausana, Suiza, 27 de mayo de 2000) fue un noble español bautizado como Gonzalo Víctor Alfonso José Bonifacio Antonio María y Todos los Santos de Borbón y Dampierre, utilizó el título de cortesía duque de Aquitania. Era hijo del infante Jaime de Borbón, duque de Segovia, y de su primera esposa, Emanuela de Dampierre. Sus abuelos paternos fueron Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, reyes de España. Los abuelos maternos, Roger de Dampierre (1892-1975), vizconde de Dampierre y duque de San Lorenzo Nuovo (pontificio), y la italiana Vittoria Ruspoli (1892-1982), de los príncipes de Poggio Suasa.
El ducado de Aquitania se encuentra en la actual República Francesa, que no reconoce títulos nobiliarios. Fue un mero título de cortesía que le otorgó su padre, sin reconocimiento en ningún país. El último titular legítimo del Ducado de Aquitania fue Javier María de Francia (el segundo hijo de Luis, Delfín de Francia), que murió en 1754 a los cinco meses de edad.
Cómo fue la boda de la infanta Margarita y Carlos Zurita
La boda sin grandes pretensiones de la infanta comenzó con una recepción el día anterior en el jardín de Villa Giralda para todos aquellos que demostraran que eran españoles. La anécdota de la jornada se produjo cuando la infanta le pidió un acordeón a uno de los tres tunos que habían acudido a rondarla y tocó para todos ante el pasmo del público.
Las expectativas de los que deseaban gossip royal mejoraron al día siguiente cuando se acercaron a la pequeña iglesia donde tuvo lugar la ceremonia. Entre los invitados había nombres ilustres y mucho monarca exiliado como era el caso del rey Humberto II de Italia (conocido como «el rey de mayo» porque sólo reinó 33 días) y su hermana Juana, la última zarina de Bulgaria.
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También acudieron la condesa de París, los duques de Braganza, el infante don Alfonso y el presidente de Portugal, Américo Thomas, que tuvo además el privilegio de sentarse con los novios en el banquete (un placer que le fue vetado a don Juan Carlos).
Por lo demás la boda fue sencilla y a pesar del ruido que generó la discordia a su alrededor, la protagonista absoluta fue la novia que se casó vestida con un diseño blanquísimo realizado en crepe de seda diseñado por Linka Babesca y absolutamente ninguna joya familiar.
La infanta Margarita no quiso adornarse el día de su boda con los símbolos de la realeza a la que había renunciado felizmente al casarse con un plebeyo y tras los arreglos de velo que le hizo su padre y los abrazos del banquete partió con su esposo a América, donde comenzaría su nueva vida.
