"La Boda Real de Infanta Elena y Jaime de Marichalar"

Los duques de Lugo se casaron en 1995, dejaron de vivir juntos en 2007 y se divorciaron en 2009

La hija mayor de los reyes Juan Carlos y Sofía, que el próximo mes de diciembre cumplirá 59 años, contrajo matrimonio con Jaime de Marichalar, seis meses mayor, el 18 de marzo de 1995 en la catedral de Sevilla. Una vez casados y después de una estancia de dos años en la capital francesa, donde Jaime de Marichalar trabajaba en una entidad bancaria, los duques de Lugo establecieron su residencia en Madrid y allí nacieron sus dos hijos, Juan Felipe Froilán (1998) y Victoria Federica (2000).

La infanta Elena y Jaime de Marichalar el día de su boda, (Sevilla, 18 de marzo de 1995)

Junto a Marichalar, la infanta se convirtió en reina de la elegancia y su popularidad subió como la espuma, pero poco tiempo después del nacimiento de su hija Victoria (ahora convertida en influencer ) ya empezaron los rumores de separación. En plena crisis, un problema de salud volvió a unir a la pareja: el 22 de diciembre de 2001 Jaime de Marichalar sufrió una isquemia cerebral, de la que aún arrastra secuelas. La infanta Elena abandonó su idea de separarse y en octubre de 2002, se trasladó a vivir durante once meses a Nueva York para acompañar a su marido durante su tratamiento de rehabilitación-

26 años de la boda de Marichalar y la Infanta Elena: detalles de un evento que habíamos olvidado

Hace 26 años los miembros más destacados de las familias reales europeas se daban cita en Sevilla. Aquel 18 de marzo de 1995 la infanta Elena y don Jaime de Marichalar se daban el «sí quiero» en la catedral hispalense, e iniciaban una vida en común que daría como resultado a sus dos hijos, Froilán y Victoria Federica. Esta boda fue uno de los grandes acontecimientos del año en nuestro país, pues era el primer enlace real que se celebraba en España en décadas. Lo que nadie esperaba aquel día es que tan solo doce años después los protagonistas decidirían poner fin a su relación con un histórico divorcio.

boda infanta elena

Traje blanco y diadema floral

La novia vestía un traje blanco roto, de manga larga semitransparente, de Teresa Helbig, y llevaba una tiara floral de diamantes de su bisabuela la marquesa de Mondéjar, prendida en el largo velo.

La celebración de esta primera gran boda del año reunió a una gran representación de la alta sociedad española, que este año tiene una agenda repleta de bodas y celebraciones. A su llegada a la iglesia vimos, entre otros, a Fernando Fitz-James y su esposa, Sofía Palazuelo, que fue, una vez más, una de las invitadas más elegantes; Xandra Falcó, y Esther Alcocer Koplo­witz.

Las hijas del Rey Juan Carlos asistirán también en septiembre a la boda de Victoria López-Quesa­da y el aristócrata Enrique Moreno de la Cova

Los recién casados saliendo de la Iglesia con sus damitas

A la izquierda, la novia llegando con su padre; a la derecha, la infanta Elena

Jaime de Marichalar

Para doña Cristina fue una gran ocasión para reencontrarse con amigos de toda la vida y disfrutar de un gran día junto a algunos familiares. Entre ellos, Teresa Urquijo y Moreno de Borbón y su prometido, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que ya están a pocas semanas de convertirse en marido y mujer. De hecho, podría decirse que la celebración les sirvió como “ensayo” para el próximo 6 de abril.

De la novillada a los zafiros: lo que olvidaste de la boda de la infanta Elena y Marichalar

Foto: La boda de la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, en 1995. (Getty)

Hubo repique de campanas y, la noche anterior, los principales monumentos estuvieron iluminados hasta el amanecer. Los medios de comunicación de todo el mundo habían enviado a sus corresponsales, y los nacionales llevaban semanas preparando reportajes y directos. Los alquileres de los balcones por donde pasaba el cortejo se pagaban a seis mil euros los más pequeños, un millón de pesetas entonces. Desde Alfonso XIII no se había celebrado en España un acto de estas características. Don Juan Carlos y las infantas, Margarita y Pilar, se casaron en Grecia, Lisboa y Estoril. Veintiseis años después, las anécdotas de esos días siguen teniendo vigencia. Recordamos unas cuantas.

La infanta Elena eligió Sevilla como homenaje a su abuela, la condesa de Barcelona, que vivió muchos años en la ciudad hasta que en 1931, cuando se proclamó la República, la familia emprendió el exilio a Francia. Madrid estaba reservado para la boda del heredero, que en aquel momento no tenía novia oficial y sí oficiosa, Gigi Howard. Meses después del enlace de su hermana, rompería con ella y dos años después llegaría a su vida Eva Sannum

Doña María le regaló al novio una botonadura de zafiros que perteneció a don Juan, y a su nieta una pulsera de oro y brillantes que había pertenecido a la infanta María Isabel de Orleans. La botonadura la suele utilizar a menudo Marichalar cuando se viste de gala.

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin utilizaron la fórmula “interrupción de la relación matrimonial”

Cinco años después, tiempo en el que llegó a anunciarse un tercer embarazo de la infanta que no llegó a término, la situación se hizo insostenible y Elena decidió irse de casa (un piso que había adquirido Jaime de Marichalar con una herencia) y se instaló, con sus hijos, en un chalet de alquiler. Zarzuela tuvo que admitir la evidencia y, después de que La Vanguardia, anunciara que ya no vivían juntos, se hizo pública la separación. La idea era que la pareja se diera un tiempo para reflexionar, pero la duquesa de Lugo lo tenía muy claro: no quería saber nada de su marido. Dos años después llegó el divorcio.

Jaime de Marichalar sigue viviendo en su piso del barrio de Salamanca y la infanta Elena compró una vivienda junto al Retiro. En raras ocasiones se les ha vuelto a ver juntos y en todos estos años ni a la infanta Elena, ni a Jaime de Marichalar se les han conocido nuevas parejas.

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