Elena Borbón y Jaime Marichalar: el cese que terminó en divorcio

La infanta Elena no se inventó lo del “cese de la convivencia conyugal”, término que acuñó la Zarzuela para, el 13 de noviembre de 2007, camuflar la separación de los entonces duques de Lugo, pero pasados 15 años, la expresión se ha convertido en un clásico. El eufemismo para moderar el impacto de la primera ruptura matrimonial en la familia real hizo fortuna y en estos años han sido muchas las separaciones que, como las de Elena de Borbón y Jaime de Marichalar, empiezan con un “cese de la convivencia conyugal” e, inevitablemente, acaban en divorcio.
La reciente separación de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, ahora pendientes de ultimar los detalles de su divorcio, también se anunció como “interrupción de la relación matrimonial”. En el caso de Elena la razón de su separación fue la incompatibilidad de caracteres; en el caso de Cristina, la infidelidad de Urdangarin.
Adiós a la soltería
La despedida de solteros de la pareja fue en Los Arenales, una finca en Morón de la Frontera propiedad del conde de la Maza y de María Victoria Ybarra. Su hijo trabajaba en la Guardia Real y tenía mucha amistad con la infanta Elena, que solía acudir a montar a caballo y a disfrutar del campo. La cita era a las cuatro de la tarde y hasta allí llegaron las amistades de ambos y los herederos de las casas reinantes. En la puerta, la prensa, a la que no se le dieron facilidades. “No quiero ver a ningún periodista ni que nadie saque una foto”, fue la exigencia, que no petición, de la Infanta. La traición vino por la parte de las amistades porque las fotos de la duquesa de Lugo bailando aparecieron en la prensa. Fran Rivera y Espartaco tuvieron su novillada ante el horror de los príncipes nórdicos.
La Infanta eligió a Petro Valverde para su traje nupcial. Hasta que llegó Marichalar, este diseñador le cosía la mayoría de la ropa para sus apariciones oficiales. Después, el marido marcó sus pautas. Valverde, un hombre serio y fiel, nunca entendió la inquina que le demostró el duque consorte. El velo era el mismo que había lucido en su boda su madre, doña Sofía, y anteriormente su abuela, la reina Federica de Grecia.
Llamó la atención que, durante la ceremonia, la novia no pidiera la venia a su padre. Los nervios le jugaron una mala pasada y hubo ciertas críticas por este olvido. Aparte del 'sí, quiero', era lo único que tenía que recordar. Mientras la Reina se emocionó lo justo, el Rey tuvo que utilizar el pañuelo. La infanta Elena siempre fue su preferida y padre e hija siguen siendo un apoyo mutuo en estos tiempos de borrasca.
Los duques de Lugo se casaron en 1995, dejaron de vivir juntos en 2007 y se divorciaron en 2009
La hija mayor de los reyes Juan Carlos y Sofía, que el próximo mes de diciembre cumplirá 59 años, contrajo matrimonio con Jaime de Marichalar, seis meses mayor, el 18 de marzo de 1995 en la catedral de Sevilla. Una vez casados y después de una estancia de dos años en la capital francesa, donde Jaime de Marichalar trabajaba en una entidad bancaria, los duques de Lugo establecieron su residencia en Madrid y allí nacieron sus dos hijos, Juan Felipe Froilán (1998) y Victoria Federica (2000).

Junto a Marichalar, la infanta se convirtió en reina de la elegancia y su popularidad subió como la espuma, pero poco tiempo después del nacimiento de su hija Victoria (ahora convertida en influencer ) ya empezaron los rumores de separación. En plena crisis, un problema de salud volvió a unir a la pareja: el 22 de diciembre de 2001 Jaime de Marichalar sufrió una isquemia cerebral, de la que aún arrastra secuelas. La infanta Elena abandonó su idea de separarse y en octubre de 2002, se trasladó a vivir durante once meses a Nueva York para acompañar a su marido durante su tratamiento de rehabilitación-
Celebración y baile
Teresa y José Luis ya han enviado las invitaciones para su boda y, por supuesto, las infantas están en la lista. Doña Elena y doña Cristina están muy unidas a la familia desde siempre, especialmente a las hermanas Moreno de Borbón —una de ellas, Beatriz, es la madre de la novia— y no se perderán la celebración en la finca “El canto de la Cruz” (en el municipio de Colmenar Viejo), propiedad de los abuelos maternos de la novia, Íñigo Moreno de Arteaga, marqués de Laserna, y Teresa de Borbón y Borbón, princesa de las Dos Sicilias y prima del Rey Juan Carlos.
Entre los 500 invitados se encontraban los duques de Huéscar, Fernando Fitz-James y Sofía Palazuelo, que fue, una vez más, una de las más elegantes


Tras la ceremonia, los invitados disfrutaron de una celebración por todo lo alto en la finca propiedad de la abuela materna de la novia, Marta Cotoner Barrios, condesa de A Coruña y una de las propietarias de “El Chaparral” (en La Escorzonera), finca donde vivía el marqués de Mondéjar, que fue como un segundo padre para el Rey don Juan Carlos —hoy pertenece a los cinco hermanos—, y fue el escenario de la puesta de la largo de Victoria Federica de Marichalar tras su mayoría de edad.
Los duques de Huéscar han celebrado, el pasado mes de enero, el primer cumpleaños de Sofía, la menor de sus dos hijas
Para la cena se sirvió crema de espárragos con marisco, pintadas rellenas y tarta de queso con frambuesas —catering de Siboulette—, y actuó el grupo de DJ Gilca Sounds. Las infantas, inseparables y muy divertidas, se quedaron a la fiesta, que acabó a las dos de la mañana.
