De la novillada a los zafiros: lo que olvidaste de la boda de la infanta Elena y Marichalar
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Hubo repique de campanas y, la noche anterior, los principales monumentos estuvieron iluminados hasta el amanecer. Los medios de comunicación de todo el mundo habían enviado a sus corresponsales, y los nacionales llevaban semanas preparando reportajes y directos. Los alquileres de los balcones por donde pasaba el cortejo se pagaban a seis mil euros los más pequeños, un millón de pesetas entonces. Desde Alfonso XIII no se había celebrado en España un acto de estas características. Don Juan Carlos y las infantas, Margarita y Pilar, se casaron en Grecia, Lisboa y Estoril. Veintiseis años después, las anécdotas de esos días siguen teniendo vigencia. Recordamos unas cuantas.
La infanta Elena eligió Sevilla como homenaje a su abuela, la condesa de Barcelona, que vivió muchos años en la ciudad hasta que en 1931, cuando se proclamó la República, la familia emprendió el exilio a Francia. Madrid estaba reservado para la boda del heredero, que en aquel momento no tenía novia oficial y sí oficiosa, Gigi Howard. Meses después del enlace de su hermana, rompería con ella y dos años después llegaría a su vida Eva Sannum
Doña María le regaló al novio una botonadura de zafiros que perteneció a don Juan, y a su nieta una pulsera de oro y brillantes que había pertenecido a la infanta María Isabel de Orleans. La botonadura la suele utilizar a menudo Marichalar cuando se viste de gala.
Los duques de Lugo se casaron en 1995, dejaron de vivir juntos en 2007 y se divorciaron en 2009
La hija mayor de los reyes Juan Carlos y Sofía, que el próximo mes de diciembre cumplirá 59 años, contrajo matrimonio con Jaime de Marichalar, seis meses mayor, el 18 de marzo de 1995 en la catedral de Sevilla. Una vez casados y después de una estancia de dos años en la capital francesa, donde Jaime de Marichalar trabajaba en una entidad bancaria, los duques de Lugo establecieron su residencia en Madrid y allí nacieron sus dos hijos, Juan Felipe Froilán (1998) y Victoria Federica (2000).

Junto a Marichalar, la infanta se convirtió en reina de la elegancia y su popularidad subió como la espuma, pero poco tiempo después del nacimiento de su hija Victoria (ahora convertida en influencer ) ya empezaron los rumores de separación. En plena crisis, un problema de salud volvió a unir a la pareja: el 22 de diciembre de 2001 Jaime de Marichalar sufrió una isquemia cerebral, de la que aún arrastra secuelas. La infanta Elena abandonó su idea de separarse y en octubre de 2002, se trasladó a vivir durante once meses a Nueva York para acompañar a su marido durante su tratamiento de rehabilitación-
Celebración y baile
Teresa y José Luis ya han enviado las invitaciones para su boda y, por supuesto, las infantas están en la lista. Doña Elena y doña Cristina están muy unidas a la familia desde siempre, especialmente a las hermanas Moreno de Borbón —una de ellas, Beatriz, es la madre de la novia— y no se perderán la celebración en la finca “El canto de la Cruz” (en el municipio de Colmenar Viejo), propiedad de los abuelos maternos de la novia, Íñigo Moreno de Arteaga, marqués de Laserna, y Teresa de Borbón y Borbón, princesa de las Dos Sicilias y prima del Rey Juan Carlos.
Entre los 500 invitados se encontraban los duques de Huéscar, Fernando Fitz-James y Sofía Palazuelo, que fue, una vez más, una de las más elegantes


Tras la ceremonia, los invitados disfrutaron de una celebración por todo lo alto en la finca propiedad de la abuela materna de la novia, Marta Cotoner Barrios, condesa de A Coruña y una de las propietarias de “El Chaparral” (en La Escorzonera), finca donde vivía el marqués de Mondéjar, que fue como un segundo padre para el Rey don Juan Carlos —hoy pertenece a los cinco hermanos—, y fue el escenario de la puesta de la largo de Victoria Federica de Marichalar tras su mayoría de edad.
Los duques de Huéscar han celebrado, el pasado mes de enero, el primer cumpleaños de Sofía, la menor de sus dos hijas
Para la cena se sirvió crema de espárragos con marisco, pintadas rellenas y tarta de queso con frambuesas —catering de Siboulette—, y actuó el grupo de DJ Gilca Sounds. Las infantas, inseparables y muy divertidas, se quedaron a la fiesta, que acabó a las dos de la mañana.
