"La Boda Real de Infanta Elena y Jaime de Marichalar"

Divorcio mal visto en la monarquía

La reina Sofía no quería ni oír hablar del divorcio, ya que a pesar de todo, ella misma se había mantenido junto a su esposo a pesar de las infidelidades. Sin embargo, esto no impidió que el 15 de diciembre de 2009 se formalizara el 'cese de la vonvivencia' entre la infanta Elena y Jaime de Marichalar. Fue un momento triste y complicado para la familia real.

En los años siguientes, la relación entre Jaime de Marichalar y la infanta Elena se volvió tan fría como un témpano. Apenas los veíamos juntos en eventos, y quienes tuvieron la oportunidad de presenciar sus encuentros, como en la boda de los duques de Huéscar, dicen que apenas intercambiaron un apretón de manos gélido. Sin embargo, donde realmente chocaron fue en la forma de educar a sus hijos. Parece que las diferencias se hicieron evidentes.

Adiós a la soltería

La despedida de solteros de la pareja fue en Los Arenales, una finca en Morón de la Frontera propiedad del conde de la Maza y de María Victoria Ybarra. Su hijo trabajaba en la Guardia Real y tenía mucha amistad con la infanta Elena, que solía acudir a montar a caballo y a disfrutar del campo. La cita era a las cuatro de la tarde y hasta allí llegaron las amistades de ambos y los herederos de las casas reinantes. En la puerta, la prensa, a la que no se le dieron facilidades. “No quiero ver a ningún periodista ni que nadie saque una foto”, fue la exigencia, que no petición, de la Infanta. La traición vino por la parte de las amistades porque las fotos de la duquesa de Lugo bailando aparecieron en la prensa. Fran Rivera y Espartaco tuvieron su novillada ante el horror de los príncipes nórdicos.

La Infanta eligió a Petro Valverde para su traje nupcial. Hasta que llegó Marichalar, este diseñador le cosía la mayoría de la ropa para sus apariciones oficiales. Después, el marido marcó sus pautas. Valverde, un hombre serio y fiel, nunca entendió la inquina que le demostró el duque consorte. El velo era el mismo que había lucido en su boda su madre, doña Sofía, y anteriormente su abuela, la reina Federica de Grecia.

Llamó la atención que, durante la ceremonia, la novia no pidiera la venia a su padre. Los nervios le jugaron una mala pasada y hubo ciertas críticas por este olvido. Aparte del 'sí, quiero', era lo único que tenía que recordar. Mientras la Reina se emocionó lo justo, el Rey tuvo que utilizar el pañuelo. La infanta Elena siempre fue su preferida y padre e hija siguen siendo un apoyo mutuo en estos tiempos de borrasca.

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin utilizaron la fórmula “interrupción de la relación matrimonial”

Cinco años después, tiempo en el que llegó a anunciarse un tercer embarazo de la infanta que no llegó a término, la situación se hizo insostenible y Elena decidió irse de casa (un piso que había adquirido Jaime de Marichalar con una herencia) y se instaló, con sus hijos, en un chalet de alquiler. Zarzuela tuvo que admitir la evidencia y, después de que La Vanguardia, anunciara que ya no vivían juntos, se hizo pública la separación. La idea era que la pareja se diera un tiempo para reflexionar, pero la duquesa de Lugo lo tenía muy claro: no quería saber nada de su marido. Dos años después llegó el divorcio.

Jaime de Marichalar sigue viviendo en su piso del barrio de Salamanca y la infanta Elena compró una vivienda junto al Retiro. En raras ocasiones se les ha vuelto a ver juntos y en todos estos años ni a la infanta Elena, ni a Jaime de Marichalar se les han conocido nuevas parejas.

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