Jaime de Marichalar.
A pesar de los dos ictus que sufrió en 2001 y del trauma público de su separación de la infanta Elena, Marichalar había logrado hacerse un hueco en el mundo del lujo y la moda. Gracias a su relación con la Casa Real, y en concreto con el Rey Emérito, ya había conseguido penetrar en el organigrama de Loewe y ser persona de confianza de Bernard Arnault, un íntimo amigo de su exsuegro y uno de los hombres más ricos del mundo.
Pero además del lujo, también es un amante de la caza –no hay que olvidar el incidente de su hijo Froilan con una escopeta disparándose el pie–, como a su vez es un gran gourmet y adora los buenos restaurantes. Es capaz de cogerse un avión e irse solamente a cenar a París o a Nueva York. También es un apasionado de los vinos, hasta el punto de que hace unos años montó una bodega con un grupo de elitistas amigos, entre los que se encontraban el que fue presidente de Repsol, el ya fallecido Alfonso Cortina; el hermano de éste, el exbanquero Alberto Cortina; Ignacio Galán, presidente de Iberdrola; el naviero Fernando Fernández Tapias, más conocido por “Fefé”; y el experiodista Lalo Azcona. Juntos compraron parte de los viñedos de las bodegas Matarromera, en Valladolid, propiedad del empresario Carlos Moro. En estos terrenos, que lindan con la prestigiosa bodega de Vega Sicilia, comercializaron la marca de vino de autor llamada Vermilion. Precisamente, las bodegas Matarromera fueron las que sirvieron el vino en las comidas ofrecidas por los Reyes en la XV Cumbre Iberoamericana celebrada en octubre de 2005, y también en la cena anterior a la boda del príncipe de Asturias.
Tras su divorcio en el año 2010, Jaime de Marichalar intenta pasar desapercibido en la prensa, aunque su nombre no deja de aparecer en los titulares, en la mayoría de ocasiones vinculado a sus hijos, Froilán y Victoria Federica. De hecho, se ha visto a lo largo de los últimos años a Jaime de Marichalar acompañar a su hija a diversos desfiles de moda. Además de porque ambos son apasionados de la moda, porque su trabajo se encuentra en ese sector.
La infanta Elena junto a sus hijos.
Doña Elena mantiene un perfil bajo aunque sea miembro de la Casa Real española. Las continuas polémicas de sus hijos, el “supuesto” distanciamiento de su hermano el rey Felipe VI y la mala relación con su cuñada, la reina Letizia, han hecho mella en la mujer que podría haber llegado a reinar. Lejos de la Corte, la primogénita de los reyes Eméritos continúa al frente de la dirección de Proyectos Sociales y Culturales de la Fundación Mapfre, aunque sin agenda oficial.
Jaime de Marichalar, el ‘bon vivant’
Jaime de Marichalar y Sáenz de Tejada es el cuarto de los seis hijos de los condes de Ripalda, Amalio de Marichalar y Bruguera y Concepción Sáenz de Tejada y Fernández de Bobadilla. El exmarido de la infanta Elena de Borbón y Grecia nació en Pamplona el 7 de abril de 1963. Estudió en su infancia en los colegios de los Jesuitas de Burgos, San Estanislao de Kostka de Madrid y en la Yago School de Dublín (República de Irlanda). A pesar de su detallada formación, esta no le sirvió para terminar una carrera universitaria. Sin embargo, su orientación fue encaminada a la gestión de empresas y marketing, estudios que amplió en París, donde residió de soltero.
El 18 de marzo de 1995, y gracias a su enlace matrimonial con la primogénita del Rey en la catedral de Sevilla, comenzó a ostentar el título de Duque de Lugo, que años más tarde perdería por su divorcio con la infanta. Pero este nombramiento no es el único que empezó a aparecer en su currículo después de contraer nupcias reales, sino que figura el haber sido nombrado managing director senior advisor (director gerente) del banco de negocios Credit Swiss First Boston, en su oficina central del Paseo de Recoletos de Madrid; el haber sido nominado presidente de la Fundación Winterthur, perteneciente al grupo asegurador del mismo nombre e integrado en Credit Swiss; el ser consejero de la cementera Portland Valderribas, filial del grupo Fomento de Construcciones y Contratas (FCC). Y el haber sido nombrado consejero de la elitista marca Loewe y del grupo francés Louis Vuitton Moët Hennessy. Marichalar se convirtió en el hombre de confianza en España del presidente de este importante grupo francés, Bernard Arnault.
"Aceptadas por la Consejería de Cultura y el Ministerio de Cultura"
"El Tesoro se traslada a Madrid con las garantías de seguridad consideradas necesarias por el propio Ayuntamiento, y aceptadas por la Consejería de Cultura y el Ministerio de Cultura", explicaba el duque de Alba también sobre esta decisión de crear una copia del Tesoro del Carambolo para su muestra. Explicando que eran fundamentales para Sevilla y la visión histórica que querían dar al mundo de la ciudad.
Un enfrentamiento que le costó el puesto a Jesús Aguirre, con una extensa carrera en el mundo de la cultura, pero que no fue más que el principio de este escándalo. El joyero Jesús Yanes decidió denunciar al Ayuntamiento de Sevilla por incumplimiento de contrato y por los costes derivados de esta actuación.
Finalmente casi diez años después, también en 2001, el Tribunal Supremo fallaba a favor de Yanes, al ver lesionado su derecho a hacer una copia de la joya. "Condenan al Ayuntamiento de Sevilla a pagar 26 millones de pesetas por no ceder el Carambolo", tituló entonces 'ABC'.
Un conjunto artístico maravilloso que también tuvo gran protagonismo en 1995. La ciudad hispalense acogía la boda de la infanta Elena y de Jaime de Marichalar, un acontecimiento de gran relevancia donde las joyas fenicias también estuvieron presentes.
El alcalde Alejandro Rojas-Marcos, en representación de Sevilla, regaló a los novios las arras con las que se casarían en la catedral de Santa María de la Sede. Un total de trece monedas de oro de 22 quilates que estaban inspiradas en los diseños del Tesoro de Carambolo y que les entregaron el día antes del enlace en un precioso cofre de plata en un enclave tan fabuloso como los Reales Alcázares.
Mostrando así "vinculación permanente" con la familia real, en palabras del propio Rojas-Marcos. Un presente por el que la Infanta dijo sentirse "encantada". Por su parte, al igual que ocurrió con el matrimonio de los duques de Lugo, el Tesoro del Carambolo tampoco tiene un final feliz de cuento, como denuncian expertos en arte e historia en diferentes publicaciones como 'National Geographic'.
