Miranda, a la segunda va la vencida
Con Miranda Rijnsburger llegó una etapa duradera y longeva en cuanto a la vida amorosa de Julio Iglesias se refiere. Después de muchas y muchas mujeres y sonados romances, se conocieron en el aeropuerto de Yakarta (Indonesia) y parece ser que ambos se enamoraron al instante.
"Esta es la mujer de mi vida, estoy tranquilamente emocionado", decía el cantante. "El momento clave es que la trae a mi boda con Ricardo", señalaba Chábeli sobre su enlace con Ricardo Bofill. "En ella había algo más, algo que no había en las otras".
Siempre discreta y en un segundo plano, Miranda se ha convertido en estos más de 30 años de relación en el principal apoyo de Julio Iglesias. Se casaron el 24 de agosto de 2020 en una íntima ceremonia celebrada en la parroquia de la Virgen del Carmen de Marbella y rodeados de sus cinco hijos: Miguel, Rodrigo, Cristina, Victoria y Guillermo. "Nuestros hijos, al haber crecido lo suficiente, han entendido perfectamente el significado de este momento y se han emocionado muchísimo", recoge la revista ‘¡Hola!’ sobre este momento.
Con Miranda continúa ahora que cumple los 80 años, y para demostrarle el amor que siente hacia el cantante, su mujer le ha dedicado una bonita carta de amor con motivo de su octogésima vuelta al sol.
Así fueron las tres bodas de Isabel Preysler: la precipitada con Julio Iglesias, la íntima con Carlos Falcó y la sorpresa con Miguel Boyer
Isabel Presyler en su boda con Julio Iglesias / getty images

Este fin de semana los Preysler en pleno acuden a una boda en Sotogrande, un buen momento para recordar cómo fueron las tres bodas de la matriarca del clan, Isabel Preysler, ceremonias e historias de amor que la convirtieron en la reina de la prensa del corazón.
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Julio Iglesias durante su participación en el Festival de Eurovisión de 1970
Isabel y Julio se conocieron inicialmente en una fiesta homenaje a Manuela Vargas, la famosa bailaora musa del pintor Salvador Dalí, celebrada en casa de Juan Olmedilla. Allí surgió el flechazo. Su cara de niña, su fragancia (siempre se perfuma en el último momento) y su esbelta figura (es más alta de lo que aparenta) impresionaron de entrada al cantante, transmitiéndole un encanto especial. Julio Iglesias no tardaría en enamorarse de la filipina, a pesar de que en aquel momento le resultaba fácil verse rodeado de esplendorosas mujeres. Era el soltero de oro, con muchas admiradoras. Pero sería en otra fiesta, celebrada en la primavera de 1970 en uno de los antiguos pabellones de la Feria del Campo de Madrid, que daba la conocida familia bodeguera gaditana de los Terry y organizada por el popular relaciones públicas, el navarro Julio Ayesa Echarri, donde se consumó el intento.
“Julito – le dijo Iglesias a Ayesa, al que apodaban como a él y con quien mantenía una especial amistad- me encanta esa chica oriental, preséntamela, ya le he echado el ojo…y hoy no se me puede escapar”.
A Isabel sí que no se le escapó el evidente interés que mostró de entrada el cantante hacia ella Y eso que allí estaba la crème de la crème: desde la folklórica Lola Flores, pasando por la duquesa Carmen Franco, su hija Carmen Martínez-Bordiú, hasta un largo número de los llamados vips entre los que la filipina ya había aprendido a manejarse con soltura. Como siempre llegó tarde a la cita, pero nada angustiada. Iba a su aire, como si la noción del tiempo fuera diferente en Filipinas que en España. Ya era costumbre su falta de puntualidad, quizá por su exagerado perfeccionismo. Cuentan que la tranquilidad pasmosa que aún mantiene para arreglarse ha sacado de sus casillas a sus tres maridos, cinco hijos y amistades más cercanas. Pero a esas alturas Madrid estaba ya dominado. Para ella la capital española era mucho mejor que Manila y sus viejos amoríos eran historia lejana. La fiesta sirvió para que Isabel Preysler y Julio iglesias comenzaran a salir como si fueran dos jóvenes pipiolos. “Conocí a Julio Iglesias en 1970. Me pareció un chico simpático y educado, con un aspecto muy agradable. Julio no era todavía un famoso cantante. De todas formas, a mí nunca me han impresionado las personas por su importancia o popularidad. Nuestra primera salida fue para asistir a un recital de Juan Pardo. Tres días después de que nos presentaran, se me declaró; y a los seis meses ya éramos novios. Quería que nos casáramos enseguida, pero yo le dije que esperáramos un poco (…) Recuerdo perfectamente sus palabras. Me dijo: “esto no es una declaración y no pienses que te lo estoy pidiendo, pero quiero decirte que eres la mujer perfecta que siempre hubiera imaginado yo para casarme“, afirmó la Preysler en sus memorias para la revista Hola.
