Resumen
- Bióloga molecular española seleccionada en noviembre de 2022 por la Agencia Espacial Europea como astronauta de reserva entre más de 22.000 candidatos europeos.
Sara García Alonso nació en 1989 en León, España.
Investigar el cáncer
¿Cuándo supiste que querías ser científica y astronauta?

Detalle de las manos de la astronauta y científica Sara García Sara Fernández
Lo que sí me planteé como una posibilidad, ya desde niña, era dedicarme a la investigación, y ni siquiera sabía lo que era de niña, pero sí sabía que deseaba ser científica, llevar bata blanca. Desconocía si quería ser física, química o bióloga, pero me gustaba, porque quería obtener respuestas a todo, ir a lo más profundo de las cosas. Así que opté por ello a nivel profesional.
¿Referentes que recuerdes?
No recuerdo nadie que realmente me haya llevado a decir: "Voy a seguir los pasos de esta persona y voy a imitarla". Obviamente, leí acerca de grandísimas figuras de la ciencia que me inspiraron o admiré, pero de ahí a utilizarlos como referentes. En todo caso fueron mis compañeros de carrera, gente a la que vi conseguir cosas que yo ni siquiera me habría planteado por miedo o por creerme incapaz.
Cuando veía a compañeros de un curso superior que se agrupaban en asociaciones de estudiantes que intentaban cambiar las cosas y empezaban a trabajar en laboratorios sin tener ni idea: todo eso es lo que me inspiró. 'Si ellos pueden, yo también, voy a preguntarles cómo lo han hecho, voy a aprender de ellos y voy a seguir sus pasos': todo eso es lo que se me pasaba por la cabeza. Y no tienen grandes nombres ni apellidos, aunque para mí tienen mucho más significado.
¿Qué les dirías a esas niñas que sueñan con dedicarse a la ciencia, o a otras carreras en las que prima la brecha de género, pero que por falta de referentes o por creer que no serán los suficientemente buenas no se aventuran a dar los pasos que desean?
Investigadora contra el cáncer
Una estudiante brillante desde el colegio, se licenció en Biotecnología en la Universidad de León como la primera de su promoción. Tras completar su doctorado en el Centro de Investigación del Cáncer (CIC) en Salamanca, fue distinguida con el Premio Extraordinario a la mejor tesis en Medicina. En 2019, se incorporó al laboratorio de Mariano Barbacid en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) para liderar un proyecto dedicado a desarrollar nuevos fármacos para tratar el cáncer de pulmón y páncreas.
Polifacética e hiperactiva, es una apasionada del deporte (practica desde natación a artes marciales), la cocina (es experta en nutrición) o la moda (a menudo confecciona su propia ropa), pero también practica hobbies como el macramé, el origami o los puzzles.
Después de superar todo tipo de exámenes (desde test técnicos y paneles de entrevistas hasta dinámicas de grupo y todo tipo de pruebas médicas y psicológicas), en noviembre se convirtió en miembro en la reserva del cuerpo de astronautas de la ESA, un puesto que desarrolla en paralelo a su investigación en el CNIO.
La meta: el planeta rojo
Hace décadas que podemos hablar de una carrera espacial que se propone llegar a Marte desde la Luna. Estados Unido puso el primer pie sobre la Luna y tiene en marcha Artemis. Rusia puso al humano en órbita. China tiene ya su propia estación espacial operativa y en 2030 pretende llevar astronautas a la Luna. Cuando en la Tierra se producen tantas guerras, ¿podría haber sido la Estación Espacial Internacional un símbolo de cooperación internacional?
Me gusta que me hagas esa pregunta. Para mí lo es. Probablemente es el mayor logro que ha conseguido el ser humano y se ha logrado a través de la cooperación internacional. Intervinieron Estados Unidos, Rusia, Japón, Canadá y toda Europa. Y se ha construido esa maravilla que lleva tantos años en órbita. A día de hoy, a pesar de todo lo que está ocurriendo en el mundo, es necesaria esa cooperación para mantenerla en activo hasta 2030.
La gente, los astronautas y los cosmonautas que están en la Estación Espacial Internacional no distinguen de nacionalidades, sino que se ayudan los unos a otros y cumplen con sus deberes para que las misiones respectivas funcionen. Entonces, para mí eso sí que es un símbolo de que, desde allí, igual que se ve la tierra sin fronteras, la mentalidad es de cooperación: aquí somos una especie, la especie humana. No somos los americanos, los rusos, los europeos. Somos la humanidad que aboga por traer estos beneficios a la Tierra, al planeta en su conjunto. Me gusta pensar que sí, que es un buen símbolo de ello.
Imagino entonces que te afecta el frenazo en la cooperación internacional espacial, precisamente a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania.
Sí. De hecho, la Agencia Espacial Europea, respondiendo a las demandas y peticiones de los 22 Estados miembro, ha decidido cortar las colaboraciones con Roscosmos [la agencia espacial rusa]. Es decir, que no se van a mandar nuevos proyectos en colaboración con la agencia rusa por la guerra de Ucrania.
