Anécdotas inconfesables
-¿Qué es lo más fuerte que te han llegado a confesar delante de todo el mundo?
-Tengo muchas anécdotas, pero recuerdo cómo un chico nos contó que su madre, que era ciega, entró en su habitación mientras estaba teniendo relaciones sexuales con su chica y cómo se quedaron parados, como si se tratara de un velociraptor. Eso sí, antes de irse les echó una sonrisa. La escena era muy divertida.
-Visto lo visto, deberías pagar a tu público por sus aportaciones
-Sí, ja, ja, ja. Debería compartir con ellos el precio de la entrada o hacer una sociedad cooperativa como el Eroski para repartir beneficios.
-¿Qué piensas de los que dicen que te estás riendo de la gente?
-Yo creo que el público entiende que todo está al servicio del humor y que no se está emitiendo un juicio sobre nadie. Yo trato de ver cómo le está sentando todo a la persona que está contando las cosas y si ves que se lo está pasando bien, continuas, fuerzas más los límites y le das más caña. Si ves que no, paso a otra cosa. Yo empiezo mi show de hora y media diciendo directamente que soy imbécil, que no pasa nada. De mí se puede reír el que quiera. Lo hago para que entiendan que esto es un juego.
Guionista en La Resistencia
-¿Y cómo decidiste centrarte en la improvisación?
-La verdad es que empecé a hablar con el público desde el principio. Pero como no podía subir en las redes sociales los vídeos de los monólogos para no quemarlos, comencé hace cuatro años a compartir las improvisaciones con el público. Y gracias a eso comencé a ganar en popularidad. Ahora hago la mitad del espectáculo con mi texto y la interacción con la gente, aunque cada espectáculo es distinto. Depende de cómo esté el público.
-¿Y cómo haces para encontrar a un público que te dé tanto juego?
-Tengo suerte de que viene gente a favor de obra, que está dispuesta a hablar sin ser pesada ni con intención de interrumpir. Me dan mucho material y muchas posibilidades de interactuar. También ayuda que yo no suelo sacar sus caras en los vídeos. Hay un poco más de anonimato que en otros espectáculos y eso les da pie a contar cosas muy íntimas.
Entre escribir o hacer humor


A la pregunta de si prefiere escribir o hacer humor, Varas confiesa no tenerlo nada claro. “En este momento de mi vida me gusta ser cómico porque me permite hacer varias cosas. Escribo e interpreto mis textos”, admite.
Una actividad que vive con auténtica pasión ya que defiende a capa y espada aquello de que hacer reír es un bien de primera necesidad. “Para mí el humor es una actitud ante la vida, una forma de enfrentarte a los problemas y las tragedias de tu existencia. Es un arma de doble filo, porque no se puede relativizar absolutamente todo, pero cuanto más tiempo pueda pasar riéndome, mejor”.
Galder varas novia corea
Aquí puedes contratar los monólogos de Galder Varas

Galder Varas, el cómico que siempre llena en Zaragoza
El humorista vasco regresa este domingo y lunes al Teatro de las Esquinas con todas las entradas vendidas en sus cuatro funciones.

El humor se ha convertido en uno de los espectáculos más solicitados por los espectadores en Aragón y en el resto del país. Los cómicos se han erigido en figuras muy populares y emprenden con gran éxito giras por lo ancho y largo de la geografía nacional.
Una tónica que se mantiene en las cuatro funciones que el bilbaíno ofrecerá este domingo y lunes en el Teatro de las Esquinas, ambos días a las 18.30 y a las 21.00. De nuevo, todo el papel se ha despachado a la velocidad de la luz.
"Lo del público maño me supera. Está entregadísimo. Actuar en Zaragoza es una experiencia maravillosa. Ojalá supiera el secreto del éxito. Hace unos años meter a 30 personas en un teatro era una odisea. Hoy lo vivo como un auténtico regalo. Con algo de miedo e incertidumbre, te preguntas cuánto va a durar, pero con mucha gratitud y ganas de seguir”, explica.


Nacido en Bilbao en 1987, Galder Varas se especializó en Stand Up Comedy, también llamada 'comedia en vivo'. Un estilo caracterizado porque el comediante, micro en mano y generalmente sobre una banqueta alta, se dirige directamente a una audiencia con la que interactúa e improvisa sobre la marcha. La primera vez que se subió a un escenario fue a finales de 2017 en Madrid. Antes de cómico fue profesor de inglés, un día, por aburrimiento, decidió apuntarse a un curso de ‘stand up comedy’ de dos meses y cambió su vida.
