Anécdotas inconfesables
-¿Qué es lo más fuerte que te han llegado a confesar delante de todo el mundo?
-Tengo muchas anécdotas, pero recuerdo cómo un chico nos contó que su madre, que era ciega, entró en su habitación mientras estaba teniendo relaciones sexuales con su chica y cómo se quedaron parados, como si se tratara de un velociraptor. Eso sí, antes de irse les echó una sonrisa. La escena era muy divertida.
-Visto lo visto, deberías pagar a tu público por sus aportaciones
-Sí, ja, ja, ja. Debería compartir con ellos el precio de la entrada o hacer una sociedad cooperativa como el Eroski para repartir beneficios.
-¿Qué piensas de los que dicen que te estás riendo de la gente?
-Yo creo que el público entiende que todo está al servicio del humor y que no se está emitiendo un juicio sobre nadie. Yo trato de ver cómo le está sentando todo a la persona que está contando las cosas y si ves que se lo está pasando bien, continuas, fuerzas más los límites y le das más caña. Si ves que no, paso a otra cosa. Yo empiezo mi show de hora y media diciendo directamente que soy imbécil, que no pasa nada. De mí se puede reír el que quiera. Lo hago para que entiendan que esto es un juego.
Entre escribir o hacer humor


A la pregunta de si prefiere escribir o hacer humor, Varas confiesa no tenerlo nada claro. “En este momento de mi vida me gusta ser cómico porque me permite hacer varias cosas. Escribo e interpreto mis textos”, admite.
Una actividad que vive con auténtica pasión ya que defiende a capa y espada aquello de que hacer reír es un bien de primera necesidad. “Para mí el humor es una actitud ante la vida, una forma de enfrentarte a los problemas y las tragedias de tu existencia. Es un arma de doble filo, porque no se puede relativizar absolutamente todo, pero cuanto más tiempo pueda pasar riéndome, mejor”.
