La difícil relación con su padre
Según relató el catalán en el Chester de Risto Mejide, su padre comenzó a trabajar muy duro desde que tenía 12 años.
Esta circunstancia, acompañada a tener que sacar adelante a una familia con 6 hijos, provocó una frustración en él que se vio repercutida en su relación familiar: "Mi padre tenía una serie de frustraciones. Unas expectativas que no pudo cumplir y pasó sus últimos años enfadado un poco con la vida", contaba el prestigioso chef.
Por esta razón, el padre de Jordi siempre se mostró como una persona dura, distante, fría y con especial tendencia a enfadarse: "Yo soy de silicona. Tengo la misma enfermedad que mi padre. No saber sentir. Nunca me dijo te quiero ni yo a él", confesó.
Jordi Cruz puso todos sus esfuerzos en mejorar la relación con su padre y conseguir su aceptación. No obstante, no fue hasta que su progenitor contrajo una dura enfermedad, que el chef consiguió cerrar el círculo vicioso de peleas entre ambos.
Tanto es así, que Jordi ha admitido que incluso rezabapara poder decirle un "te quiero" a su padre antes de morir.
"El día que murió de alzheimer, pude mirar a esos ojos en los que no había nada y entonces pude decirle 'te quiero a mi padre", confesaba mientras recordaba cómo había sido uno de los momentos más duros de su vida.
No obstante, que tuviesen una difícil relación no implicaba que no estuviese orgulloso de él. De hecho, el padre de Jordi elaboró durante varios años un álbum donde iba colocando los recortes de prensa en los que se mencionaba a su hijo. Un detalle que emociona enormemente al catalán.
Un talento prematuro repleto de reconocimientos
Poco a poco, Jordi fue mostrando su talento innato en los fogones y en 2004, con 26 años, consiguió su primera estrella Michelín, convirtiéndose en el chef más joven en hacerlo en España, y el segundo en el mundo en recibir con tanta precocidad este prestigiosos reconocimiento.
A partir de este momento, Jordi empezó a ganar decenas de reconocimientos en diversos concursos culinarios que le convirtieron en uno de los chefs con más futuro de España, entre ellos: El Campeonato de España para Jóvenes Chefs que obtuvo en San Sebastián el año 2002, el Premio Internacional de Cocina con Aceite de Oliva de Jaén, logrado en 2003 o el subcampeonato de España para Jóvenes Valores, Ciudad de Marbella en 2003.
Desde 2010 es el chef titular del Restaurante ABaC de Barcelona, tiene cinco estrellas Michelín si sumamos todas las que ha recibido en los diferentes restaurantes que tiene en marcha y es el responsable de otros dos restaurantes: A tempo y D'Or en Girona.
Por supuesto, en ambos aplica su peculiar y característico estilo de la cocina.
A partir de la primera edición del concurso, Jordi se fue labrando su imagen de frío, estricto y duro, convirtiéndose en el poli malo de la película. Según ha confesado el chef en una entrevista con La Vanguardia en junio de 2021, ha ido exagerando su papel de estricto porque es lo que pide su público.
"Al principio Pepe Rodríguez quiso ser el duro pero con lo tierno que es era imposible. Me di cuenta que el único que tenía esa capacidad era yo. Además soy nada gracioso", contaba el catalán.
De esta manera, Jordi Cruz decidió tomar el rol de "chico malo" dentro del jurado de Masterchef: "Nadie me dijo que tenía que ser el borde pero vi que me enfocaba más la cámara y yo quería cámara", revelaba Jordi.
Además, en la entrevista con La Vanguardia, Cruz se describió como una persona muy equilibrada, amante del buen rollo y enemigo de las discusiones: "Soy una persona que jamás va a ir a un restaurante a decir este plato está mal, sino que siempre trata de buscar la parte positiva".
¿Será alguno parecido al de Tamara Falcó?
Ninguno de los vestidos del desfile será igual que el que lleve Tamara en su boda, pero sí apreciaremos ese buen hacer, esa obsesión por lo perfecto, ya sea escogiendo el tejido como dibujando el patrón y cosiendo. "No la conocíamos", dice. "Imagino que ella nos conoció a través de los estilistas. Nosotras lo estamos trabajando como un vestido más, todo lo demás no me afecta". En este mundo 'rosa' hay que saber guardar secretos y contar lo mínimo posible. Forma parte del juego.
Los opuestos se atraen y ellas han demostrado que también funcionan si trabajan en equipo. Sofía Arribas es la mitad creativa, la cabeza de la que surgen las ideas que nos hicieron enamorarnos de la marca y sus diseños. Arquitecta de formación, su estilo da forma a su imaginación, que reza buen gusto, como buena amante del arte y de la estética. En la rueda cromática, ella sería el amarillo y Saioa Goitia su violeta, enfrentadas y complementarias al mismo tiempo. Ella es la mitad más lógica, la parte empresarial que hace posible el proyecto que un día decidieron crear juntas. De este equilibrio surgió Sophie et Voilà, una firma de moda nupcial para novias e invitadas con sello bilbaíno, bajo el objetivo de acompañar a cada una de ellas potenciando su estilo propio.
Sophie et Voilà pone en valor la artesanía con sus piezas únicas, siluetas minimalistas y muy femeninas con detalles especiales, mangas abullonadas, transparencias, plumetti, volantes, tejidos drapeados. Las novias que se decantan por esta firma lo hacen por su exclusividad, además de sus diseños elegantes que van a la par que las nuevas tendencias que surgen en la industria de la moda, siempre siendo fiel a su estilo propio.
Vestidos desmontables
La colección es una belleza, de forma y de estilo. La lluvia es la fuente de inspiración y el punto de partida de una propuesta rotunda, con un claro acento arquitectónico, pero siempre femenina y elegantísima. "Hay muchos vestidos desmontables, para tener un primer momento Lady Di y luego otro más familiar, abrazando a los hermanos o sobrinos". Sofía presume de la versatilidad de los vestidos, que ofrecen varias versiones, pero también de la honestidad con la que están hechos. Hay plumas, pero solo porque se han recogido del suelo; hay corsés, pero no son incómodos ni oprimen; hay pedrería, algo que no suelen utilizar, pero aplicada de forma muy sutil.
La paleta de color también va muy pensada y varía tímidamente del champagne al blanco impoluto. "El tono champagne nos lo piden más para el segundo vestido. Aquí somos más de blanco roto, pero la clienta asiática quiere blanco absoluto, y volúmenes". Y los vemos, pero sin traicionar el espíritu de la casa. "Jugamos con el tul y lo colocamos en sitios inesperados", revela. Vemos largos, muy largos, y otros midi que contrastan con los vestidos cortos, algunos con claras referencias a los años 60. Está también el sastre clásico en blanco, y una versión sin mangas y falda de tul.
Los becarios: la gran polémica de Jordi Cruz
A pesar de que siempre ha tratado de mostrarse discreto y comedido ante la opinión pública, no es tarea fácil estar exento de polémicas.
El uno de mayo de 2017, Jordi Cruz se posicionó en el punto de mira cuando un medio digital publicó un reportaje donde mostraba las condiciones en las que vivían los estudiantes en prácticas de los locales del chef.
Todo esto acompañado de unas declaraciones donde el chef defendía que los becarios que trabajaban en los restaurantes no recibían ningún sueldo a cambio.
¿La consecuencia? Una campaña en contra de Jordi que incluso llegó a altas esferas políticas y se convirtió en tendencia en redes sociales acompañada de mensajes muy negativos.
Algunos sindicatos llegaron a denunciar los negocios de Cruz para que sufrieran inspecciones. Cabe destacar que a día de hoy no se ha encontrado nada ilegal en los contratos que realiza el chef.
Jordi explicó toda la polémica en una entrevista junto a su migo Risto. Habló de la situación como una "cerda mentira" y afirmó que hizo "mucho daño" a sus seres queridos.
"Llegaron a publicar que había comprado un palacete por tres millones de euros con mi pareja aprovechando toda la polémica de los becarios. ¿Sabes quién vive en ese palacete? Mis estudiantes en prácticas", decía con cierto tono de indignación.
