De agradable a irresponsable
En aquellos días previos a la boda hubo unas declaraciones de Alfonso de Borbón asegurando que había encontrado al amor de su vida: “Me caso por amor. María del Carmen es la mujer con la que me gusta estar, conversar. Es vitalista, agradable, excepcional. Reúne todo lo que para mí debe tener una mujer para ser feliz con ella”. Cuando las tornas cambiaron y Carmen se fue a París para vivir con Jean-Marie Rossi, el duque y padre de sus dos hijos sustituyó estos adjetivos en el proceso de anulación por los de “insufrible, caprichosa, de vida alegre, inmadura para el matrimonio, maniática, frívola, irresponsable. Ha tenido que recibir una buena formación religiosa, eso no lo dudo, pero no se ha reflejado prácticamente en su vida”.
La boda de la nietísima formaba parte de una estrategia que no cambió el destino de España, pero sí la vida de Carmen, que se casaba recién cumplida la mayoría de edad, que en aquel momento era a los 21 años. Para muchos fue un enlace apañado e incluso así lo dejaba caer el propio hermano, José Cristóbal, tiempo después: “Fue una boda de conveniencia. Es posible que algún miembro de la familia lo viera como una manera de perpetuarse en el poder”.
Aunque las crónicas de la boda no hicieron mención de los líos de familia, los hubo y de órdago. Don Jaime, padre del novio, estaba divorciado de Emanuela Dampierre, madrina del enlace, y quiso que su segunda esposa, la cantante Carlota Tiedemann, fuera invitada. Oposición radical por parte de Alfonso de Borbón y de la propia Emanuela, que llegó a decir: “Si esa golfa se le ocurre aparecer, yo no voy”. Por la otra parte, Carmen Franco y el marqués de Villaverde hacía mucho tiempo que solo eran matrimonio de cara a la galería. Franco se refería a él como “ese señor que se ha casado con mi hija”.
Invitados vip
Se quiso ensalzar a los invitados internacionales y reales cuando la realidad fue de un perfil bajo. El Pardo había cursado invitaciones a todas las jefaturas de Estado y casas reales. En plena dictadura no muchos estaban por la labor de apoyar una boda con un padrino que no aceptaba la democracia. Los príncipes de Mónaco, Cristina y Désirée de Suecia, Geraldine de Albania y los hijos del dictador Stroessner formaban parte de la representación extranjera. También asistió la viuda del Aga Khan, que tuvo que pedir auxilio a Carmen Franco. Su peluquero particular se había ido de tascas la noche anterior por el Madrid de los Austrias y no conseguían localizarlo. Muchos años después, Ernesto de Hannover vivió una situación parecida y Carolina de Mónaco tuvo que entrar sola en la catedral de la Almudena, donde se celebraba la boda del Príncipe de Asturias y la periodista Letizia Ortiz.
La novia, María del Carmen Martínez-Bordiú, hizo su entrada triunfal vestida por Balenciaga y del brazo del jefe del Estado, Franco, que lucía para la ocasión el uniforme más vistoso, y con los alabarderos del regimiento guardando los flancos, llegó al altar. A las siete menos cuarto del 8 de marzo de 1972, el cardenal arzobispo de Madrid, Vicente Enrique y Tarancón, los unía ante Dios y ante los hombres para toda la vida. La 'vida' duró seis años.
El 8 de marzo de 1972 se casaban en la capilla de El Pardo Carmen Martínez-Bordiú y Alfonso de Borbón Dampierre. El novio era nieto de Alfonso XIII, hijo del infante don Jaime, aspirante al trono de Francia y, aparentemente, también candidato al de España por su boda con la ‘nietísima’. Así se la llamaba a la novia por ser la preferida de su abuela Carmen Polo.
La otra gran boda del fin de semana: la de José Antonio Primo de Rivera y Cris Blázquez
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Este sábado, Sevilla se vestía de largo para asistir a la boda de Alejandra Ruiz Rato, primogénita de Espartaco y Patricia Rato, en su finca a las afueras de la capital hispalense. Un enlace esperado y organizado con mimo que durante las últimas semanas ha tenido que terminar de adaptarse a las restricciones que por fin finalizaban al día siguiente.
Protagonista indiscutible de la jornada, esta no fue la única boda con solera de la ciudad. A pocos kilómetros, José Antonio Primo de Rivera Cano y su novia, Cristina Blázquez, entonaban bien alto el ‘sí, quiero’ en la Real Parroquia de Santa María Magdalena, tal y como han confirmado a Vanitatis algunos invitados.
Una boda de mañana que también tuvo que adaptarse a las restricciones derivadas de la pandemia, que no impidieron, sin embargo, que los novios se rodeasen de las personas más importantes de su vida en su gran día. Unas 70 personas entre las que se encontraban las conocidas influencers María Fernández-Rubíes y Lucía Bárcena, que, vestidas las dos por su amigo Jorge Redondo (Redondo Brand), se convirtieron en dos fabulosas reporteras del enlace.
Marco Juncadella Hohenlohe, novio de Lucía Bárcena, es íntimo amigo de José Antonio, mientras que María Fernández-Rubíes es una de las mejores amigas de la novia. De hecho, el sábado cumplía 30 años y los novios le cantaron en su mesa el cumpleaños feliz con una tarta en la que la it girl sopló las velas emocionada.
