Modelo e influencer
Dos Santos ya se dedicaba al modelaje antes del fatídico episodio en la carretera. Después de todo, quería seguir con ello. Así que cuando empezó su evolución con las prótesis en las piernas también cambió su estilo de vida. “Decidí cambiar mi forma física nuevamente y comencé a hacer muchísimo entrenamiento, a comer saludable”, relató.
A partir de ese momento, incluso más marcas empezaron a fijarse en él y acabó participando en un concurso de belleza en el que salió ganador.
“Es chistoso que la persona que tiene el cuerpo incompleto sea la que ganara el mejor cuerpo. Pero creo que ahí está lo bonito de todo esto, creo que enviamos un mensaje muy positivo a todas las personas”.
Echando la vista atrás, el joven asegura que nada de esto hubiera sido posible sin la ayuda de su familia y de muchas otras personas que, desinteresadamente, lo apoyaron económicamente para financiar el costo del tratamiento médico.
“Siempre lo digo, fue un trabajo en equipo, porque sin todas las personas que estuvieron a mi lado apoyándome, que fueron miles, desde la persona que puso un dólar en mi campaña de recolección para que hoy yo pueda estar acá hasta la persona anónima. Todos”, explica emocionado.
“Quiero que estén orgullosas, quiero que cada una de esas personas que se sacrificó por verme bien piense que valió la pena. Eso también me empuja muchísimo a seguir adelante”.
El testimonio del prometido de la primera novia beata de la Iglesia

En 1984 Guido Rossi estaba comprometido para casarse con Sandra Sabattini, pero un accidente de tránsito acabó con la vida de la joven que este domingo ha sido elevado a los altares como la primera novia beata de la Iglesia Católica.
Sandra y Guido se conocieron en 1979. Tiempo después, comprometidos para casarse y con el sueño de ir a África para atender a los "últimos de los últimos", ella murió atropellada en un accidente tránsito.
En la víspera de la beatificación celebrada este domingo, Rossi conversó con Vatican News sobre su experiencia de vida con Sandra y sobre cómo lo afectó haberla perdido cuando ella tenía solo 22 años.
"Mi vida estuvo marcada por Sandra, con su vida y con su muerte. Después de un periodo no exento de dificultades, pero seguramente bello y profundo, me vi claramente con dos casas en el camino, la de su familia y la mía, mientras el resto seguía en pie", relató Guido, que ahora es un diácono casado y tiene dos hijos.
"Me ayudaron muchísimo y aún sigue viva la relación y el afecto de su familia. Me sostuvieron también los sacerdotes y los hermanos de la Comunidad Juan XXIII", a la que ambos pertenecían.
En su opinión, la beatificación de Sandra permite contemplar "la gran misericordia del Señor que nunca nos deja solos, incluso cuando creemos que estamos caminando solos, mientras Él nos lleva del brazo, como vimos escrito en la puerta de una iglesia en Gubbio que visité con Sandra".
–¿Y eso fue lo que pasó?
–Sí, me desperté el miércoles, en terapia intensiva, a las tres de la mañana, solo.
–Cuarenta. Al principio estaba abrumado. Soñaba una y otra vez con el accidente. Soñaba que todo volvía a pasar. Pero también hubo algo… y es que aun estando despierto, si cerraba los ojos sentía que había una silueta flotando encima de mí. Yo pensé: “Debe ser mi papá, que está aquí conmigo y no quiere que me vaya”. Para mí nunca ha sido un trauma no haber conocido a mi papá, porque cuando nací él ya se había muerto, pero lo más lógico es pensar que esa silueta que me acompañaba era él, quién más.
Juan Pablo se levanta para contestar una llamada y camina por la cafetería mientras conversa. La gente se voltea para mirarlo. Él ni cuenta se da. Vuelve, se sienta.
¿Una persona normal sin piernas?
Juan Pablo insiste en “que los monstruos que nosotros nos hacemos en la cabeza son muchísimo peores que los que están aquí en la vida real” al preguntarle si él, en algún momento, había llegado a pensar que su vida no tenía ningún sentido.
“Me preguntaba cómo iba a volver a ser una persona normal, cómo iba a salir a un bar con mis amigos, cómo iba a salir a un restaurante con mi familia, cómo iba a volver a ser normal. Además, teniendo en cuenta que en la mayoría de los lugares de mi país no están adaptados para una silla de ruedas”.
Y es que el pronóstico que le había dado uno de los médicos no era nada favorable. “Un protesista llegó a la clínica y me dijo: ‘Quiero serte sincero y tú vas a pasar entre 2 y 3 años en volver a dar tus primeros pasos. Tienes que entender tus limitaciones y aceptarlas”.
“Cuando él salió por la puerta, comencé a llorar y le preguntaba a mi mamá que quién se creía él para decirme cuál eran mis tiempos”.
Y al final, Juan Pablo Dos Santos tenía razón. Porque tres meses después estaba en Brasil dando sus primeros pasos.
“Las cosas buenas o malas que nos dicen las personas, nosotros decidimos cómo tomarlas. Eso me pudo haber empujado hasta el fondo del lago y dejarme allí abajo esperando tres años para volver a levantarme. Pero, al contrario, despertó mi rebeldía y me hizo querer demostrar a todas esas personas que decían que no iba a poder, que sí podía. Y que si fracasaba, por lo menos lo iba a intentar”, describió.
