"Juan Pablo Dos Santos - Amor en Tiempos Modernos"

–¿Te incomoda que te miren?

–Ah no, para nada. Es normal. Yo haría lo mismo. No todos los días uno se encuentra con una persona amputada de las dos piernas.

Pero a Juan Pablo no solo lo miran por eso. Además tiene el aire de un David: del David de Miguel Ángel. No contento con ser alto, lleva rostro, porte y figura. Tras el accidente ganó peso y, luego de obtener las prótesis, decidió ponerse en forma. Dos pisos más arriba de la cafetería está el gimnasio donde entrena. Lo asiste un instructor que lo ha ayudado a labrarse un cuerpo griego –“un medio cuerpo”, repone él– que incluso le ha permitido participar en un certamen de belleza, en una competencia de fisicoculturismo y ser contratado como talento publicitario. Pero su meta no es ser ni míster ni modelo.

–¿Cuántos días habían pasado desde la amputación?

–No me acuerdo, pero yo empecé a reírme otra vez como una semana o diez días después del accidente.

El accidente: la noche del 7 de septiembre de 2019, Juan Pablo fue a casa de Cristina, su novia, para la celebración del cumpleaños de su suegra. La suegra cumple ese día y su esposo, el suegro, al día siguiente, de manera que todos los años suelen empatar un cumpleaños con el otro. Era sábado y el sábado dio entrada al domingo. Pasada la una de la mañana, Juan Pablo, su novia y su cuñado se despiden de la familia y se marchan a otro sitio para encontrarse con unos amigos. Van en un mismo carro, un Volkswagen Fox que es propiedad de Juan Pablo, quien conduce. Cristina va de copiloto y Gabriele, el cuñado, va en el asiento de atrás. Han salido de la urbanización Miranda, en el este de Caracas, y el Volkswagen Fox se ha incorporado a la autopista Francisco Fajardo. Unos minutos más tarde, a la altura de otra urbanización, La Urbina, Cristina se percata de que hay tres motorizados merodeando a baja velocidad en un tramo oscuro de la vía. “Cuidado”, alerta. Juan Pablo, temeroso de que los motorizados le estén tendiendo una trampa para obligarlo a bajar la marcha y asaltarlos, se pasa del canal del medio al canal rápido para esquivar a uno de los motorizados, pero en el canal rápido se encuentra con otro. En momentos de urgencia el pensamiento se embota y el cuerpo es puro instinto. La reacción de Juan Pablo es tratar de esquivar también al segundo motorizado, pero la maniobra que ensaya le hace perder el control del carro, que se lleva por delante la defensa de la autopista y comienza a dar vueltas como un tobo que cae por un barranco, pero en terreno horizontal.

–Yo nunca vi una pistola ni oí un “¡Párate!”, y hasta hoy no sé si nos querían robar o no. Tres días después, cuando me desperté en la clínica y me vi sin piernas, una de las primeras cosas que pregunté, desesperado, era cómo estaban Cristina, Gabriele y los motorizados. Si yo estaba en esa situación, me preocupaba haber matado a alguien.

Esta es la vida que llevan los hijos de Pablo Escobar y cómo han cambiado físicamente a lo largo de los años

Los dos hijos del extinto capo del narcotráfico viven vidas totalmente diferentes.

Cuando Pablo Escobar mandó a matar al ministro Rodrigo Lara hace 25 años, el hijo de este, el hoy senador, tenía ocho años. Y pensaba que sólo era cuestión de crecer para vengar la muerte de su padre. Juan Pablo Escobar, el hijo del capo, tenía dos años menos. Aquí, en una visita a Washington.

–Como si fueran cosas de Dios.

–Tal cual, y yo pensé: “Esto hay que hacerlo más serio”, y decidí crear la fundación. Porque las redes sociales son buenísimas, un story puede cambiar una vida, pero una fundación es mucho mejor: hay un objetivo preciso y puedes reunir esfuerzos. Ya Edwin tiene sus prótesis y cada vez camina mejor. Es un guerrero ese chamo.

Juan Pablo sonríe y se queda como a la espera de saber si hay más preguntas. No da la impresión de estar apurado; por el contrario, da la impresión de tener todo el tiempo por delante, pero le echa un vistazo al reloj. Es obvio que tiene agenda, y está convencido, porque lo ha dicho en otras entrevistas, que “hoy estás vivo, pero mañana quién sabe”.

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