–¿Cuál es tu meta?
–Retarme, romper mis propias barreras y demostrar que no hay límites. Lo único imposible es lo que no te atreves a intentar. En la medida en que yo pueda ser un ejemplo puedo motivar a los demás. Eso es lo único que me interesa. Un día dejé de preguntarme “por qué” me había pasado lo que me había pasado y empecé a preguntarme “para qué”. Ese día todo cambió para mí.
–Que vi un video de Daniel Habif, el motivador, y fue como si se me ordenara el ajedrez de la cabeza, mi mente hizo clic. Yo había llegado al egoísmo de preguntarme por qué había perdido las dos piernas cuando ni a mi cuñado ni a mi novia les había pasado nada.
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Durante la ceremonia, tal como lo hizo Sor Maria Vittoria della Croce, las novicias "se quitan el vestido de novia, se cortan el cabello, se ponen el hábito benedictino y reciben el crucifijo para indicar su alegre renuncia a todo lo vano y efímero".

Colocación de la toca, símbolo de la muerte y resurrección de Cristo / Foto: Arquidiócesis de Trani-Barletta-Bisceglie


Sor Maria Vittoria della Croce abrazando a su padre / Foto: Arquidiócesis de Trani-Barletta-Bisceglie
Losappio destacó que la vestición de Sor Maria Vittoria della Croce –que tiene 27 años y cuyo nombre de bautismo es Carmen D'Agostino– fue "un rito que no se efectuaba en Barletta desde la década de 1940 debido a la falta de vocaciones a la vida consagrada según la regla de San Benito".
"El monasterio de San Ruggero se redujo a muy pocas monjas que envejecieron y hace tres años fue refundado con la llegada de varias hermanas jóvenes, que lo revitalizaron desde el punto de vista vocacional", relató a ACI Prensa.
Su ejemplo, motivación para otros
Es por eso que quiere que su experiencia de vida sirva de ejemplo para ayudar a otras personas que quizás estén pasando por la misma situación que él hace un par de años.
Después de todo, asegura que está viviendo la mejor etapa de su vida. Entre sus planes de futuro está el de publicar un libro y seguir dando conferencias para inspirar a otros.
Juan pablo dos santos y su novia

En 2016, cuando tenía 17 años, en pleno juego, se fracturó la rodilla derecha. Trasladado a la clínica, le daba golpes a las paredes porque no podía creer que su sueño de convertirse en un futbolista profesional se viera truncado por el percance. Tres años después, en septiembre de 2019, ya alejado del fútbol como único objetivo pero con una vida igualmente activa como amante de los deportes y como estudiante universitario, Juan Pablo Dos Santos tuvo un accidente de tránsito y perdió las dos piernas.
Ahora está aquí, 2021, sentado a la mesa de una cafetería, en Caracas. Alza la vista y se levanta para saludar. Le cuesta un poco, pero es ágil. Qué alto. Debe medir, al ojo, un metro ochenta y pico, pero él se apresura en aclarar que mide un metro noventa y que antes era aún más alto: “Perdí dos centímetros por las prótesis”, dice. Las prótesis: un par de aparatos que se articulan como sendas piernas mecánicas que le permiten erguirse y andar.
–¿Y eso fue lo que pasó?
–Sí, me desperté el miércoles, en terapia intensiva, a las tres de la mañana, solo.
–Cuarenta. Al principio estaba abrumado. Soñaba una y otra vez con el accidente. Soñaba que todo volvía a pasar. Pero también hubo algo… y es que aun estando despierto, si cerraba los ojos sentía que había una silueta flotando encima de mí. Yo pensé: “Debe ser mi papá, que está aquí conmigo y no quiere que me vaya”. Para mí nunca ha sido un trauma no haber conocido a mi papá, porque cuando nací él ya se había muerto, pero lo más lógico es pensar que esa silueta que me acompañaba era él, quién más.
Juan Pablo se levanta para contestar una llamada y camina por la cafetería mientras conversa. La gente se voltea para mirarlo. Él ni cuenta se da. Vuelve, se sienta.
