- Ceremonia de la arena
Otro de los rituales para bodas civiles es la ceremonia de la arena. Simboliza la futura vida en común, la unión entre almas y esfuerzos a partir de ese momento en el que ya seréis marido y mujer.
Para este ritual se necesitarán dos recipientes de cristal pequeños y uno más grande, y arena de cuarzo cristalino de dos colores, aunque algunos utilizan la cantidad de colores al gusto.
En un momento de la ceremonia, los novios vierten juntos su recipiente individual lleno de arena, cada uno de un color, hacia el recipiente grande juntando las dos arenas y formando ondas de color.
Es muy sencillo y resulta muy vistoso no solo por la unión de las arenas de colores, también por la utilidad que posteriormente podemos dar a estos recipientes. Podéis conservarlos en un lugar visible de vuestra nueva casa.
«No se suele usar en ceremonias religiosas, aunque si lo he visto en alguna ocasión en la que los novios se lo pidieron expresamente al párroco de la iglesia»


- Ceremonia de las velas
El segundo de los rituales para bodas civiles es la ceremonia de la vela.
Hay varias versiones de esta ceremonia, también conocida como la ceremonia de la luz. También se utiliza en las ceremonias religiosas y suele hacerse tras el intercambio de los anillos.
Este ritual consiste en encender una vela grande entre los dos novios con otras dos velas más pequeñas. Simboliza la vela que os guiará y acompañará a lo largo de toda vuestra vida de pareja.
Ha sufrido algunas variaciones, sobre todo en las ceremonias religiosas en donde los padrinos son los encargados de portar la llama que encenderá esas velas.
A mi personalmente me gusta que sean los novios los únicos participes en este ritual. Algunas parejas apagan sus respectivas velas una vez han encendido la vela grande en símbolo de la unión de ambos en un solo alma.
Otras parejas las mantienen encendidas representando así la independencia y personalidad propia de cada uno de los cónyuges.
«Necesitaremos por lo tanto tres velas, dos de ellas pequeñas y una más grande»

¿CUÁLES SON LOS ORIGENES DE LOS RITUALES DE LA BODA CELTA?
Como es tradicional en todas las festividades de origen céltico, las uniones conyugales solían asociarse a las fiestas de Beltane (1 de Mayo) que significa “El fuego de Bel” en referencia al dios Bel, Beli o Belenus, el dios de Fuego, una fiesta muy relacionada con la primavera y los ritos de fertilidad. Además de Beltane, Lugnasadh (1 de Agosto) era época de casamientos e inclusivo era costumbre celebrar bodas durante la luna Llena. Lughnasadh marca el comienzo de la época de cosecha, la maduración de las primeras frutas, y fue tradicionalmente un tiempo de reunión de la comunidad.
Inicialmente, los matrimonios celebrados en Eire (Irlanda) y Escocia consistían en un contrato con una duración de 6 meses. Este contrato podía ser renovado si las cosas iban bien entre la pareja y así lo decidían. Otros autores señalan que el “periodo de prueba” era en realidad un periodo de validez real del matrimonio. Desde el momento de la celebración del Ritual, la pareja estaba casada a efectos legales. Sin embargo, el contrato expiraba pasados un año y un día en lo que vendría a equivaler a un divorcio por mutuo acuerdo en la actualidad. Si en ese año o al finalizar el plazo, la pareja deseaba renovar sus votos, celebraban de nuevo su unión, pasando a ser definitiva a partir de ese momento.


La Famosa Luna de Miel,
por ejemplo, es una costumbre que se originó entre los celtas de Gales. Dice la leyenda que su origen se debe a que los novios observaban durante varios días la luna solamente tomando fruta y bebiendo el licor de miel o hidromiel, durante los 30 días que seguían a la boda, es decir, un mes lunar. Esto se hacía como un ritual de alianza entre iguales, que debía comenzar con los mejores augurios, purificación y fortaleza posible, consolidando de esta forma su unión. En este tipo de rito, los druidas celtas eran convocados para dar su bendición.
