Tamara, la novia más esperada: descubrimos sus dos vestidos al detalle

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Tamara Falcó e íñigo Onieva han hecho por fin realidad su sueño de contraer matrimonio en el Palacio de El Rincón, en la que ha sido considerada la boda más esperada del año. Para darle el “sí, quiero” a su prometido, la marquesa de Griñón confió su look nupcial a Wes Gordon, director creativo de Carolina Herrera.
En declaraciones a ¡HOLA!, el diseñador estadounidense señaló que en su primer encuentro con la hija de Isabel Preysler en Nueva York, “colaboró con mis ideas sobre el diseño y la silueta del vestido. Hicimos referencia a algunos detalles de los vestidos que diseñé en Herrera y que a ella le habían encantado. También incorporamos esos elementos de diseño en el vestido”.


En el traje nupcial que Wes Gordon creó para Tamara se aprecian, efectivamente, referencias al vestido de novia de la esposa de Rainiero de Mónaco. Con una elegante silueta “abrigo”, manga larga, cola en cascada y confeccionado en crepé de seda blanco marfil —tejido de manufactura española, como nos adelantó el creador— el vestido está adornado con bordados y pedrería de cristal cosida a mano. Una hilera de botones, forrados en el mismo tono del vestido, recorre, de arriba abajo la parte delantera.
Chocolate, dulces. y parrilla

A continuación, la formación londinense Aston Band, la misma que amenizó la cena, tomó el control de la fiesta. La decena de músicos, entre los que se encontraban cuatro cantantes y hasta un saxofonista, propuso una selección mucho más movida para animar a la gente a lanzarse a la pista —de 100 metros cuadrados y enmoquetada en tonos arena y verde agua—, comenzando por interpretar en directo el ya clásico Crazy in Love, de Beyoncé, seguido por el movido Single Ladies de la cantante.
Tamara e Íñigo se mostraron cómplices y entregados durante toda la fiesta, desde el concierto de Aston Band hasta las sesiones de los tres DJ que amenizaron la noche


Los invitados cayeron rendidos ante unos entregadísimos Tamara e Íñigo, que derrocharon química durante toda la celebración y no dejaron de bailar desde el primer tema que sonó, Single ladies, de Beyoncé


Beauty look
Para su maquillaje, la marquesa de Griñón confió en el equipo de Sisley París, firma de la que es embajadora, que conoce sus gustos y lo que mejor le sienta. Las claves fueron la naturalidad, la elegancia y la atemporalidad; un maquillaje que huyó de artificios para mostrar a Tamara más radiante que nunca. Juego de volúmenes mate para evitar los brillos —algo más complicado de lo que podría parecer, teniendo en cuenta las temperaturas veraniegas— y un delineado difuminado para conseguir rasgos suavizados y el efecto de una mirada más abierta, elegante y sobria. En las mejillas, tonos rosados para evocar la frescura, y en los labios, el tono más natural. Se trataba de encontrar el equilibro entre el vestido, el maquillaje y el peinado. Un look royal y aristocrático, pero, al mismo tiempo, con el toque contemporáneo y natural de Tamara. El recogido, un sencillo y muy favorecedor moño bajo —realizado por Raquel Álvarez para Sisley—, terminaba de armonizar el conjunto a la vez que daba su protagonismo a la diadema de diamantes de familia.

El segundo vestido de novia: el romanticismo en cascada
El segundo diseño para la boda nada tenía que ver con el elegido para la ceremonia. Para la fiesta de después, la marquesa optó por una creación más cómoda que derrochaba frescura y romanticismo. El color, con un ligero rubor rosado en lugar de un marfil o champagne, caía en cascada adornado con volantes.
En cuanto al maquillaje, la novia eligió Sisley Paris, firma de la que es embajadora, y en ambos looks se mostró discreta pero elegante con tonos nude. Para los dos vestidos, la marquesa llevó un moño bajo, más recatado en la ceremonia y más despreocupado en la fiesta de después.
