'Siete novias para siete hermanos', un clásico del musical manchado por el machismo
Veamos como resiste en la actualidad este clásico musical sobre siete hermanos que secuestran a seis chicas para casarse con ellas.
Contenidos relacionados
Ante todo ‘Siete novias para siete hermanos’ es un canto a la vida, al color, a la alegría y al entretenimiento escapista en el mejor de los sentidos. Hablamos de un musical clásico intachable, uno de los mejores trabajos de Stanley Donen repleto de números grupales espectaculares, de irreal belleza onírica y pegadizas melodías que uno acaba silbando por el resto de la tarde. Pero los años pasan y hace ya varios que es difícil ver ‘Siete novias para siete hermanos’ sin notar, o incluso molestarse, por el argumento y las frases que lo forman. No podemos dejar de pensar que, vista hoy, entre las oscarizadas canciones de Adolph Deutsch y Saul Chaplin hay una historia que mezcla secuestro con amor y unos protagonistas que ignoran el no para conseguir el sí. Pero, quizás no sea todo tan terrible. Vamos a ver cómo enfrentarse a ‘Siete novias para siete hermanos’ en pleno 2019.
La leyenda que inspiró Siete novias para siete hermanos
El guion de Siete novias para siete hermanos es una adaptación del relato The Sobbin' Women, de Stephen Vincent Benét, inspirado a su vez por la leyenda romana del Rapto de las sabinas. El título, de hecho, da nombre a una de sus canciones más pegadizas y recordadas, en las que el personaje protagonista, que se llama Adam, como el primer hombre, utiliza este relato para alentar a sus hermanos para que bajen al pueblo y secuestren a sus futuras esposas.
El incidente mitológico, que ha inspirado varias pinturas desde el Renacimiento, habla de un grupo de hombres de Roma que realizaron un secuestro en masa para poblar la región de mujeres: a la cuidad, como el pueblo de montaña en el que viven los personajes de la película, le faltaba población femenina. En la historia, como en la película, las mujeres no son objetos del todo pasivos: ponen condiciones y se abstienen de realizar trabajos domésticos, convirtiéndose en gobernantes de la casa. Más adelante, cuando los hombres se levantaron para ir a recuperar a sus mujeres, estas se encargaron de pacificar el conflicto.
