Sin rencor
"Aunque nunca da nombres, sabe que hubo una especie de confabulación contra él y contra el sistema de la SGAE porque había en juego mucho dinero. La prueba es que, al día siguiente de defenestrarle, se echó atrás la Ley Sinde y se acabó con el canon digital, lo que provocó que los autores perdieran mucho dinero, y que las tecnológicas ganasen mucho más de lo que ganaban", explica Lapuente, que destaca la soledad a la que tuvo que enfrentarse el artista durante esos largos años de proceso judicial. "Salvo algunas personas, como Fernando Arrabal o Juan Fernando López Aguilar, que le llegó a llamar para darle su apoyo, se sintió abandonado por músicos y políticos, tanto del PSOE como del PP".

"En la mayoría de los países avanzados, quien defiende los derechos de autor es el Estado porque se está preservando un bien que es parte del acervo cultural del país. Por eso yo defendía, y no siempre con el acuerdo de todos mis compañeros, un modelo como el francés que no es partisano, sino que considera la cultura como cuestión de Estado. Esto supone que los creadores tienen la libertad y el derecho de militar y pensar como quieran, pero las instituciones no. La SGAE tenía que llevarse bien con quien tuviera la responsabilidad de gestionar la red pública y, mientras nos dieron chance, estuvimos colaborando con lo que luego se llamó la Marca España. Sin embargo, cuando apareció el mundo digital y la idea de que la cultura debía ser gratuita, todo eso cambió", explica Bautista, que sigue siendo tajante en ese aspecto: "La cultura podría ser gratuita si también lo fuera la alimentación, la educación, la sanidad y la vivienda. Si todo eso es un bien público, que lo sea la cultura, pero si un autor tiene que hacer frente a una serie de gastos para mantenerse él o criar a sus hijos, no puede ser así", concluye Bautista que, a pesar de todo lo pasado, no guarda rencor.
La vida de Teddy Bautista: un pionero en la cima del pop de los 60 y 70 que vivió un descenso a los infiernos en la SGAE

"La primera persona [a la que conocí en el Brill Building] fue un tipo que hablaba un poco de español, lo había estudiado en el colegio. Cuando se le acabó el repertorio, le dije que yo hablaba inglés y pudimos conocernos mejor y comentar muchas más cosas. Me dijo que componía, pero que sobre todo hacía letras, y su mujer escribía las músicas. Se llamaba Gerry Goffin y al día siguiente, en un descanso que hicimos para tomar un vaso de leche y unos dónuts, me presentó a su mujer, Carole King", recuerda Teddy Bautista, uno de los pocos españoles que han podido tratar de igual a igual a verdaderas leyendas de la música popular.
Además de ser amigo íntimo de Frank Zappa, con el que acostumbraba a veranear, Bautista ha cantado con Cliff Richards, ha asistido a conciertos de Bob Dylan acompañado de John Sebastian de The Loovin’ Spoonful cuando el cantautor de Minnesota ni siquiera sabía cómo se afinaba una guitarra eléctrica, ha dado clases de programación informática aplicada a la música al mismísimo Leon Russel, Richard Moog le construyó a medida un sintetizador modular o les compró una mesa de grabación a Pink Floyd. Hay más: su dirección musical de The Rocky Horror Show - montado todavía durante la dictadura junto a Mayra Gómez Kemp y Pedro Mari Sánchez-, recibió los halagos de su creador Richard O’Brien, Al Kooper le pidió que mediara a su favor con Julio Iglesias para que el español interpretase sus canciones, convenció al presidente de los Grammy para que premiara al cantante de De niña a mujer y ha conocido a todos los Beach Boys menos a Brian Wilson, tal vez porque, después de tanto y tan bueno en una sola vida, conocer al creador de Pet Sounds hubiera desatado la ira de los dioses o la envidia de los mortales como, por otra parte, acabó sucediendo.
Un músico ambicioso
Pero la vida pública de Edudardo Bautista García (Las Palmas, 1943), hijo de diplomático y pianista, no comienza con sus inquietudes de gestor si no con las de músico. Ahí se encuentra ya el embrión de un hombre inconformista, de difícil temperamento y ambicioso. Nos remontamos a finales de la década de los 60, al año 1968, clave para la definitiva incorporación a la modernidad del pop y el rock patrios. Si en 1966, Los Bravos consiguieron situar «Black is black» en los primeros puestos de las listas de éxitos británica y estadounidense, dos años después los Canarios —en su origen una banda llamada Ídolos, surgida alrededor de Teddy Bautista— publicaban el primer volumen de «Lo mejor del Clan!».
La astracanada, debida al productor Alain Milhaud, diluyó el protagonismo de Canarios en el de Pop Tops, cuyas canciones ocupaban la cara B del disco. No obstante, el temario incluía títulos como «Get on your knees» («Ponte de rodillas»), que se convirtió en la canción del verano de aquel año —y que estos días ha recuperado actualidad en las redes sociales—, cuyo formato albergaba idénticos hallazgos a los localizados, en EE.UU., por el productor James Williams Guercio para Blood Sweet & Tears y Chicago; un explosivo preparado de rock, jazz y soul, con una abigarrada sección de metales como hecho diferencial.
Los éxitos del álbum «Free yourself» marcaron en lo sucesivo la carrera de Canarios, trasladando el epicentro de su música a todos los escenarios imaginables. De estos, precisamente, salió un nuevo disco titulado «Canarios vivos». Posteriormente, tras algunos devaneos en solitario —documentados todos en el single «En los bosques de mi mente»—, Teddy abandonó las convenciones negras del soul y decidió reconstruir los Canarios en 1974. El objetivo, grabar una adaptación al rock de la obra de Antonio Vivaldi «Las cuatro estaciones», a la que tituló «Ciclos». Culpables de tan ambiciosa iniciativa habrían sido el trío Emerson, Lake & Palmer, que un año antes habían hecho lo propio con «Cuadros para una exposición», de Mussorgski, y, sobre todo, Frank Zappa, amigo y consejero del músico.
