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Los hombres se adentraron a la naturaleza y gritaron sus nombres. Si quien murió era Timothy quizás Amie aún estaba viva. Cuando estaban lo suficientemente cerca observaron al oso engullendo sobre una pila de restos humanos y ramas.
En otro rincón estaba el cuerpo de Aime y su rostro parecía dormido, pero era todo lo que había de ella. La cara. El oso de casi tres metros de altura atacó a los guardaparques, pero luego de una lluvia balas lograron tumbarlo.
‘Los osos salvaron mi vida’

Comenzó a trabajar como camarero y a medida que pasaban los años su adicción al alcohol y las drogas se hizo insostenible hasta que tuvo una sobredosis casi fatal.
En ese momento tuvo una epifanía. Descubrió "la tierra de los osos" y creyó que para ser redimido, debía rehabilitarse.
"Los osos necesitaban a alguien que los cuidara, pero no a alguien que fuera un desastre. Así que les prometí a los osos cuidarlos y que ellos me ayudaran a ser mejor persona. Fueron una inspiración. Pude dejar la bebida. Fue un milagro", aseguró.
Había encontrado finalmente un consuelo a su vida, pero también una misión y se creía el único capaz de salvar a los grizzly que vivían en la remota Alaska de los cazadores furtivos.
"Moriría por estos animales. Gracias a estos animales tengo una vida, antes no tenía", se lo escucha decir en una grabación mientras las lágrimas comienzan a aparecer en sus ojos.
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En el campamento encontraron la cámara que registró el audio del momento del horror. Allí había un testimonio auditivo, sin imagen, donde se escucha los últimos 6 minutos de vida de Timothy Treadwell y Aime Huguenard: “¡Hacete el muerto! ¡Hacete el muerto!”, le grita que pelee por su vida, el animal tenía la cabeza de Timothy entre sus dientes. Ella, valiente, golpea al oso con una sartén, pero no consigue nada.
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La confianza le pasó factura
Tras haber estado más de una década investigando el comportamiento de los osos, fue perdiendo el temor hacía ellos y cada vez se acercaba más para poder registrarlos. Según dicen algunos documentales, empezó a irrespetar el espacio de seguridad.
Timothy los rastreaba para acercarse a ellos y tocarlos. Consideraba que había lograba conectar e interaccionar con ellos.
Algunas personas que lo conocían y que trabajabaron con él aseguraban que Timothy actuaba como si los osos fueran personas disfrazadas y no animales salvajes. Su hipersensibilidad hacia la naturaleza lo hacía llorar cuando encontraba a algún animal muerto, le hablaba a los cadáveres, los acariciaba y dedicaba sentidas palabras, que eran grabadas por su cámara.
Cuando le preguntaban cómo se animaba a convivir con animales salvajes, simplemente respondía: "Ellos son incomprendidos". Al ser consultado sobre qué haría en caso de ser atacado por uno de ellos, reiteraba: "Nunca mataría a un oso en defensa propia".
Learning To Love The Grizzly Bears At Katmai National Park

Wikimedia Commons Grizzly Bears feeding at Brooks Falls in Alaska’s Katmai National Park.
At first, Amie Huguenard was wary of the apex predators, which can weigh up to 1,000 pounds. But Treadwell had charm and a passion for the bears that assuaged her fear. He even once told David Letterman that they were nothing but “party animals.”
And during their summer visits, the bears were largely docile, spending much of their days resting and feeding, helping Huguenard to feel safe around them. Although she and Treadwell were anything but.
“Amie had a kind of naïveté about her that added a real sweetness to her entire persona. At times it was easy to convince her of things that were not entirely true,” Stephen Bunch, one of Amie’s old boyfriends, wrote after her death.
“But I always felt I could trust her because she bestowed the same trust in you unconditionally.”
Still, Amie Huguenard also witnessed Treadwell’s confrontations with the National Park Service. Park rangers were concerned that Treadwell was placing himself and others in danger by approaching the bears so closely and that he was maintaining dangerous camping practices on his quest to stop poachers.
Huguenard and Treadwell were sinking deeper into some critical mistakes. Crucially, and contrary to generations of Alaskan received wisdom and wildlife expertise, Amie Huguenard and Timothy Treadwell believed that the grizzlies were becoming “[their] animals.”
“Tim would honestly die if it meant these animals could live,” Huguenard wrote.
