Cómo era la relación de Federico y Joaquín de Dinamarca antes de la ruptura
El príncipe heredero Federico y el príncipe Joaquín fueron considerados durante décadas por la prensa de su país como los casi-gemelos de la monarquía no tanto por su inexistente parecido físico como por el vínculo férreo que les unía.
El hecho de que nacieran con apenas 12 meses de diferencia ayudaba a apuntalar esa imagen de cercanía. De hecho, en su infancia era común que hicieran equipo frente al equipo de niñeras y asistentes que les criaron en ausencia de su madre y su padre.
El príncipe heredero Fderico junto a su hermano, el príncipe Joaquín / INSTSGRAM CASA REAL DANESA
Alejados de todo lo que conocían, aquel tiempo fuera de casa sometidos a las estrictas normas del colegio en un país que no era el suyo lo vivieron como una especie de lucha de ellos dos solos contra el mundo en el que reforzó aún más su vínculo.
Paradójicamente en aquella época, el que más tarde sería considerado el príncipe díscolo, Joaquín, era el ejemplo a seguir para su hermano mayor que admiraba su serenidad y la manera en la que se tomaba las cosas. Pero sobre todo le gustaba el apoyo incondicional que recibía de él.
«Él siempre ha estado ahí de una forma u otra, y todavía lo está. Me apoyé mucho en mi hermano ese año en el internado», diría el príncipe Federico años después en el mismo libro en el que reconocía que su hermano pequeño jamás le echó en cara que fuera él, el pequeño, quien tuviera que ser el sostén de su hermano mayor en vez de ser él el ayudado.
Esa inversión de papeles, en la que el hermano menor parecía más capaz de hacer frente a los retos que tenía que asumir como hijo de la reina fue aún más evidente cuando una década después, en 1995, Joaquín se casó con la exótica Alexandra Manley.
Marie Cavallier y el príncipe Joaquín de Dinamarca. INSTAGRAM CASA REAL DANESAMarie Cavallier y el príncipe Joaquín de Dinamarca. INSTAGRAM CASA REAL DANESAJunto a su esposa Joaquín asumió el papel de representar a la casa real aumentando su agenda y el número de apariciones mientras su hermano mayor perdía el tiempo con noviazgos fugaces y en una un tanto escandalosa vida de soltero ( no en vano le apodaron el «príncipe Turbo» porque conducía tan rápido como cambiaba de novia).
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Joaquín de Dinamarca ha recorrido el paseíllo hasta el altar junto a sus dos hijos, Nico´lás y Félix, de 8 y 5 años, respectivamente, fruto de su matrimonio con la condesa Alejandra
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Los novios han permanecido sentados en el centro de un corazón de rosas que yacían en el suelo, como marca la tradición de este templo del sur de Dinamarca. Las flores han sido las grandes protagonistas de la decoración del templo
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Ya convertidos en marido y mujer, los nuevos esposos deleitaron a todos los allí presentes con otro beso
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Como toda novia real, coronando la puesta en escena más importante de su vida, acompañó al vestido un largo velo de tul ribeteado también de blondas de encajes, sujeto durante la ceremonia por una tiara -originalmente, fue un regalo del rey Federico IX y la reina Ingrid a la reina Margarita II- que combinó con unos pendientes, con diamantes
Renuncia con condiciones
Alexandra Manley renunció a ese sueldo (con valor de 250 mil euros) en 2017. Aunque eso sí, con algunos “peros”: la ex de Federico anunció que dejaría de cobrarlo de manera definitiva después de que su hijo menor alcanzara la mayoría de edad.

INFIDELIDAD A LA CORONA La condesa Alexandra Manley fracasa en el amor: Joaquín de Dinamarca, el príncipe azul que le salió rana; el marido que la estafó y el novio que le ha sido infiel
La condesa Alexandra y su segundo esposo Martin Jørgensen / gtres

No es fácil nacer plebeya, convertirse en princesa vía boda con Joaquín de Dinamarca, divorciarse y encontrar de nuevo el amor junto a un rico y guapo empresario. Pero parece que Alexandra Manley, condesa de Frederiksborg, está dispuesta a convertir su biografía en una película de sobremesa con plot twist final: su acaudalado novio, Nicolai Peitersen, le ha sido infiel.
Desde que en 2004 firmara los papeles del divorcio que confirmaban su separación definitiva del hijo menor de la reina Margarita, la condesa Alexandra se ha empeñado en besar más sapos que príncipes y todos sus idilios han acabado en un sonoro fracaso con escándalo incluido.
El último ha sido Nicolai Peitersen, que ha traicionado su confianza justo cuando más necesitaba porque la ex princesa se encuentra superando el duelo por la muerte de su madre, pero no ha sido, ni mucho menos, el peor. Y eso que la ruptura se ha producido porque él le ha sido infiel.
