Los orígenes de la camisa
Hoy en día, la camisa es sinónimo de elegancia, pero en sus orígenes su uso se asociaba con un significado completamente diferente. Su predecesor en la Edad Antigua, alrededor del año 1.500 a.C., fue el kalasiri, una prenda típica de los hombres y mujeres egipcios que se asemeja a una túnica de lino que habitualmente era la prenda interior de la vestimenta.
Las diferentes civilizaciones que gobernaron el mundo fueron aportando su granito de arena a la confección de la camisa actual. En primer lugar, los romanos adaptaron el kalasiri creando las túnicas manicatas, que ya incluían mangas y seguían sirviendo como prenda interior, según informa la ‘Revista Mujer’.
Sin embargo, no es hasta la Edad Media (entre los siglos V y XV) cuando la camisa se expande globalmente. En esta época la moda evoluciona y aparecen las primeras camisas con algún botón mientras persiste su uso para proteger la piel del resto de prendas. Asimismo, comienzan a producirse camisas de diferentes tejidos: el algodón ya compite con el lino. Eso sí, el blanco continúa como el color único de la camisa.
El ‘salto’ de la camisa en siglo XVIII
El Renacimiento (siglos XV y XVI) supuso un punto y seguido al crecimiento de popularidad de la camisa. Todos los nobles tenían varias camisas blancas en sus armarios gracias al aumento de la producción: se desarrollaron nuevas técnicas de costura.
Con la llegada del siglo XVIII, las camisas blancas ya son símbolo de nobleza, por lo que nace el oficio del sastre. Las camisas de los más adinerados tenían que estar impecables y adaptarse a su cuerpo a la perfección. Asimismo, al algodón y al lino se suma la seda como material de fabricación.
Esta distinción de las clases nobles trae consigo un cambio radical en la utilización de la camisa. La prenda deja de servir como ropa interior y forma parte de la vestimenta principal de los hombres. De hecho, a partir de 1850 son ya populares las camisas abotonadas de diferentes colores.
¿CÓMO VESTIR PARA UNA BODA SI ERES UN INVITADO?
Ya ha llegado la primavera y, con ella, entramos de lleno en la temporada alta de bodas.
Para muchos de los invitados estos son, probablemente, los eventos más formales a los que asistimos a lo largo del año. Sin embargo, no hay un protocolo estricto y una boda está considerada como una celebración social en la que hay un amplio abanico a la hora de elegir outfit.
En gran medida, para seleccionar un look u otro todo va a depender de:
- cuál es tu papel en el enlace: ¿eres un invitado? ¿eres un testigo? ¿el padrino, quizás?
- el horario de la boda: ¿de mediodía? ¿tarde? o ¿noche?
- el tipo de celebración: ¿religiosa o civil? ¿formal o informal?
A lo largo de esta entrada veremos cómo ser el más elegante de la boda ¡sin eclipsar al novio, por supuesto!
1. El cuello inglés o turndown collar

También conocido como "cuello kent", es el más tradicional de todos, así que te sonará bastante. Se distingue por tener las puntas alargadas y rígidas, lo que evita que se puedan doblar, si bien las encontrarás más o menos separadas. En cualquier caso, el turndown collar es ideal para acompañarse de corbata, siempre que esta sea de nudo pequeño, como el americano. Además, resulta muy favorecedor, ya que estiliza el cuello, y es perfecto para conseguir el estilo elegante que deseas para tu "sí, quiero". ¡Y armonizará muy bien con un traje de Hugo Boss o con otros modelos de estética similar!
