¿Qué enfermedad tiene Tere Salinas?
"Me desahuciaron, pero no supieron que tenía, no era ni cáncer, no era nada (de eso). Se llama Hipertrigliceridemia, un padecimiento que es crónico y hay que tomar medicamentos de por vida para que tu páncreas, hígado y vesícula estén bien, porque yo produzco los triglicéridos al mil", dijo Tere Salinas.
De acuerdo con el portal 'Chemocare', la hipertrigliceridemia es el "exceso de triglicéridos en la sangre". Se sabe que el hígado produce triglicéridos. Entonces, el paciente debe llevar una dieta libre de azúcares, grasas, carnes rojas y harinas.
En la misma plática con periodistas y reporteros, Alejandro Camacho compartió lo complicado que fue estar lejos de su pareja, pues él estaba trabajando en la Ciudad de México y ella se encontraba en Veracruz luchando por su vida.
"Yo estaba trabajando aquí y me enteraba por su hermana del estado de gravedad. Muy grave, por cierto (. ) Al no estar ahí físicamente pues es un pequeño problemita, pero teníamos que solventar los gastos de todos los médicos", dijo el actor, quien agregó que la única manera de lograrlo era trabajando.
A lo largo del encuentro con los medios, Tere Salinas agradeció en todo momento el apoyo recibido por parte de Alejandro Camacho, pues todos los días, en las buenas y en las malas, se preocupó por su estado de salud.
"Hemos pasado muchísimas cosas desde hace dos años, antes de la pandemia. Él siempre ha estado conmigo, yo he estado con él entre dimes y diretes, pero nunca nos hemos separado. Le doy gracias a Dios por estar con él y porque estemos juntos", expresó.
Taconeando
Ella era mayor que él, una rareza dado que el locutor siempre se fijó en mujeres más jóvenes. La diferencia confesa era de ocho años, aunque la coquetería de Beba la llevaba a quitarse alguno que otro almanaque de encima, con lo cual no sería ilógico suponer que era una década –o más– mayor que su marido. Juntos vivieron en un formidable piso sobre la avenida Callao, en el barrio de Recoleta. Eran la pareja perfecta o al menos eso se percibía desde la mirada externa, que no siempre es la que más se ajusta ante la realidad de la intimidad ajena.
Fontana amó a Bidart al punto tal que decidieron plasmar el matrimonio con una unión civil concretada en Las Vegas. El protagonista de innumerables publicidades solía decir, con humor, que, en aquella ciudad del juego, los casorios se podían anular a las 24 horas de rubricados. No fue necesario recurrir a ese artilugio. Se amaban.
La pareja estuvo doce años unida, hasta que el amor se desvaneció. Al menos de parte de él, quizás porque el tiempo va socavando los sentimientos o porque había aparecido en su vida una mujer que hizo sucumbir su paz matrimonial. Al momento de concretar la separación, Beba Bidart le pidió a su esposo conservar aquella libreta expedida por las autoridades norteamericanas. El documento pasaba a ser un “souvenir” de enorme carga afectiva y algo torturante, ya que la cantante se sumió en una profunda depresión y, posteriormente, en muy pocas oportunidades se refirió a su pasado junto al animador de Odol pregunta, el recordado programa donde, ante la respuesta correcta de un participante, Fontana decía el famoso latiguillo: “Con seguridad”.
Aquellos años locos
“A mí verdadero gran amor nadie lo conoce”, dijo en algunas oportunidades. No hay por qué dudar de su confesión sobre esa pasión idílica. Y si un nombre secreto le robó los sueños, no fueron menos pasionales las relaciones con esas parejas que sí salieron a la luz.
Entre el trabajo y la vida social, pasaba poco tiempo junto a su mujer y su pequeña hija. Las tentaciones estaban al alcance de la mano y siempre eran más interesantes que la rutina hogareña. Fontana ya había fagocitado a Palese. Poco se supo de Dora Palma, quien habría padecido no solo la falta de atención de su esposo, sino las frecuentes infidelidades. La relación duró dos cortos años y se dijo que el gran motivo de la ruptura habría sido el inicio del romance de Fontana con la cantante de tangos Beba Bidart. Palma, cansada de los desplantes, hasta habría cambiado la cerradura de su casa para que Fontana no pudiese ingresar más. A pesar del final prematuro e intempestivo, fue la única mujer que llevó a Fontana al Registro Civil. Al menos en Argentina.

