"Ahora estoy en un 7"
"Ahora tengo una mucho mejor relación conmigo misma y tengo una vida más tranquila, no como el año pasado. Y me he obligado, porque era o me muero de verdad o nos hacemos cargo de las cosas". "Ahora estoy en un 7. También es verdad que estoy medicada, tendría que verlo sin las pastillas, pero creo que sin las pastillas estaría bien, a lo mejor en un 5,5".
"Yo estoy cansada de hablar. Estoy hasta el coño de hablar. No puedo más. Yo lo que quiero es escuchar, por eso quiero hacer entrevistas. Siento que estoy hablando mucho, me he cansado. Siento que estábamos hablando muchísimo, de todo. Cuando empezamos a hablar, no había tanta gente hablando. Ahora ya hay mucha gente saliendo. Lo que me apetece es escuchar y escribir. Y espero también que se lleve escuchar. Porque a veces no se escucha y me preocupa hacia donde gira esto.

"No se puede tocar fondo cuando ya estás en el fondo"
"El verano pasado estaba en 0 y antes del verano también. O menos. No se puede tocar fondo cuando ya estás en el fondo. Era todo un poco lo mismo. Porque no me daba tiempo a disfrutar las cosas. No he reflexionado mucho sobre todo lo que ha pasado el año pasado, pero fueron muchas cosas para las que yo no estaba preparada. No es queja. Era parte del trabajo pero ni Vicky ni yo estábamos preparadas. Esa exposición tan grande, viajar tanto. Fue todo muy bonito porque es increíble ir a un sitio en el que te están esperando, pero cuando te sientes insegura intentas quitarle importancia para poder vivirlo bien pero al quitarle importancia te haces de menos.
"Yo pensaba como habitual en morirme y pensaba que lo pensaba todo el mundo. Un día se lo comenté a Susy, como cómplice, y me dijo: yo no pienso en morirme. Igual deberías contárselo a tu psicóloga. Yo no se lo contaba porque pensaba que la gente lo pensaba de verdad. Me daba alivio. Y cuando me hice cargo, en octubre, ahí fue cuando hice cambio. Y empecé a vivir las cosas de otra manera".
"Me pasé el verano muy controlada, porque las ganas de morirse iban a otro nivel. En octubre volví a tener una recaída y le dije a mi psicóloga 'no puedo más. O me arreglas o tal'. Y ahí empecé con la medicación. Tampoco quiero decir que la medicación me salvó, porque no fue lo que me salvó; la medicación tarda un mes o así en hacer efecto. Pero el día que pedí ayuda fue el día que empezó mi cambio. Fue reconocer que tienes un problema, hacerte cargo y empezar a avanzar. Estoy contenta porque siento que no tengo tanta dependencia de las pastillas, porque mi bienestar empezó antes'.
Mientras Dormías - NEWSLETTER
Apúntate gratis y recibe cada mañana un análisis de los temas del día




